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CAÓTICA ANA. La imposibilidad para deshacerse de Médem.
crítica completa publicada en: "la cinta de los sueños" y en "kane3"
Que Julio Médem, se repusiera de las fanáticas críticas recibidas por su documental "La pelota vasca, la piel contra la piedra", merecía tres años de espera. Tres años –con depresión incluida– para ofrecernos su nueva película. Ahora, reconstruir su filmografía supone adentrarse en paisajes oníricos en los que, la realidad, se hace más patente por su surrealismo que por su credibilidad –últimamente tan desprestigiada–. Donde las relaciones humanas son tan crudas e individualizadas como enriquecedor su contacto. Y en las que la apariencia y sus engaños nos sumergen en el descubrimiento del otro.
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Médem, atrapado en la historia de su hermana, desvela un guión escasamente hilvanado, sin tensión argumental. El artificio de la hipnosis permite viajar a través de preciosas fotografías; pero sus personajes, que no nos consiguen enganchar, hacen que acabemos pasando páginas, sin prestar mucho interés, del album fotográfico con los viajes del director. Con "Muchas vidas, muchos maestros" de Brian Weiss, Médem ha encontrado un sistema que permite multiplicar a sus personajes y recrear un "falso polifacetismo". Pero, separado de grandes actrices y actores como Emma Suárez, Najwa Nimri o Carmelo Gómez, últimamente Médem parece dejarse llevar por los intereses de las productoras, preocupadas por recrearnos la ilusión de la eterna juventud. Por qué si no, permutan la intensidad de actrices maduras por los firmes senos de jóvenes como Paz Vega, Elena Anaya y, ahora en Ana, los de la inexperta Manuela Vellés de diecinueve añitos. Al cambio, se pierde una notable calidad. Durante la primera parte de la cinta, Manuela con su alegre sonrisa, se muestra tan naif que puede resultar encantadora, como la colorista pintura de Ana, pero no más. Pues, al adentrarnos en el drama de sus reencarnaciones, la vemos menos capaz de hacernos creíbles sus vivencias y motivaciones. Esas que le llevan a sumergirse en la hipnosis de otro aprendiz, que tampoco sabemos muy bien de dónde ha salido (el terapeuta que interpreta Asier Newman). Menos mal que aparece la autenticidad de Bebe de vez en cuando, con su estilo amateur de cantante protesta, y nos sorprende gratamente entre lo anodino de sus compañeros/as.
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En conjunto, la cinta es una propuesta con viajes que parecen maravillosos pero que realizamos en la peor compañía aérea de vuelos hipnóticos. La tripulación educada, pero sin encanto alguno, y la cabina, más pendiente de cuidar la apariencia del fuselaje, muy a la moda, que de encauzar la difusa ruta por la que nos vamos a perder. Sin embargo, como estamos en Agosto, con la cartelera que ello supone, y seguimos creyendo en el deprimido cine español, nos dejamos transportar por Médem a una sala vacía mientras esperamos su próxima película, de la que ya tiene escrito el guión. Imposible, por tanto deshacerse del imprescindible Médem ante el cual no deben dejarse hipnotizar.
CoZuK 
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