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Puñetazo a Mozart
Ponga el “Requiem” de Mozart.
A continuación ponga “Silá y Misolfa”, improvisada por Tomine’s Blues Band con el organillo de Playskool.
Ponga “Con la muerte en los talones”.
A continuación ponga “Flores de Fuego”, dirigida por Takeshi Kitano y montada por su enemigo.
Observará un contraste similar de lo armónico a lo chirriante, musical en el primer caso y visual en el segundo.
Cada plano es una colleja. Cada corte es un dedo en el ojo. Cada plano dura exactamente lo que NO debe durar. Cada imagen es seguida por la equivocada. Festín de la chapuza, bacanal del desafine, el resultado adquiere la apariencia de un boceto de película, un apunte.
Los planos pretenden, mientras se miran el ombligo, poseer una fuerza por sí mismos de la que carecen, presos de la arbitrariedad, sin expresión. Pero viene el corte y pasa página. Y otra vez, y otra, el obsceno montaje mata la conexión entre imágenes, que deben unirse para elevar la obra como un todo homogéneo, como un discurso único, como, simplemente, una criatura viva, pero Kitano la mata. Cada corte es una nueva puñalada a un cuerpo que, desde la primera escena, ya huele a cadáver.
Viva la poesía. Sincera. Madura. Seria. Fría. Muerta.
Tomine
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