Todo spoiler. Soy incapaz de distinguir los detalles de la trama del conjunto de la película. De hecho, no sé si esto va en serio o se intentan quedar con el personal.
No obstante, se trata de una obra maestra absoluta de la historia del cine. Tiene todos los premios del mundo y la admiración de los iluminados de turno. Sólo digna de paladares exquisitos y mentes superiores. Eso no se puede discutir. Absténganse débiles mentales (99’98% del público). Sayonara, baby.
spoiler:
Primeros minutos
Una voz en off comienza a deleitarnos con las andanzas sexuales de un conquistador de ojos rasgados. Banda sonora de primera e imágenes estéticas cien por cien.
Una hora después.
Ya no sé quién es quién, al único que reconozco es al gacetillero rompecorazones y al casero del lugar. La música empieza a ser cargante, y el repertorio de planos ultra exquisitos se vuelve pelín cansino. Soy un truhán, soy un señor: al protagonista le gustan las mujeres, le gusta el whisky, y si tiene que olvidarlas, bebe y olvida. Qué cabeza.
Cien horas después.
La voz del narrador, que es la misma del protagonista, por si la subrayante tendencia al subrayado no se había subrayado lo suficiente, continúa con su retahíla de encuentros ¿amorosos? Las trae locas. También a la concurrencia. Aparece una androide maciza y lúbrica. Me temo lo peor. Te echo en falta Nexus 6.
Mil horas después.
Tourné por todo el sureste asiático. No sé si estamos en Macao, Hong-Kong, Singapur o Phnom Penh. O tal vez estamos en todos los sitios a la vez, en 1966 y en 2046. Ahora le da por la novela de artes marciales. A mí los Power Rangers. Entretanto, polvo va, polvo viene, muy dignos, eso sí.
2046 horas después.
El tipo se embarca en el tren. Ni él mismo sabe qué ha pasado. No me extraña, hijo mío.
Epílogo
Al final, la película sólo ha durado dos horas, aunque hayan parecido los ochenta años que abarca la ficción. Curiosamente, me han sabido a poco; en realidad, a nada. Como dice un colega mío, lo que más me jode, es que ni siquiera me pude dormir.