Para Lynch el medio es el mensaje. Hábilmente logra mantenernos despierta la sensación de incertidumbre a lo largo de las (excesivas) 2h30´ durante las cuales su baza fundamental es que juega con nuestra necesidad (absurda) de encontrar explicaciones a los diferentes relatos. Pero en vez de en la historia (tan trivial como la angustia por la inocencia perdida) Lynch se aplica en la combinación de los elementos que la adornan (puesta en escena, música, fotografía, diseño de producción, montaje, etc) proponiendo una amalgama de historias parcial o totalmente enunciadas o distorsionadas cuya suma no es otra que la propia retroalimentación del sentido de la película. Pero, ¿qué cuenta la película?.
spoiler:
Tan simple como que Lynch pone la película y nosotr@s el significado. Lynch cierra en falso y fragmenta la narración y el yo de la protagonista. Resumiendo la voz del propio Lynch desde Canadá: una chica ambiciosa llega a Hollywood a realizar su sueño de actriz y acaba por disociar su personalidad tornando su ilusión inicial en sombras y fantasmas durante su alucinado viaje a la cima del estrellato. Para ello decidirá tomar un atajo (escenas inicial y final) por Mullholand Drive (o “el camino de los sueños”) metáfora de la despersonalización que sufre para alcanzar las propias mentiras que toma como validas. ¿Qué pensaran mis padres si no triunfo en Hollywood?: hay una llave (azul en este caso) para abrir su caja de Pandora.
En efecto Diana/Betty es la misma persona que Rita/Camilla. Diana/Betty es/era la chica idealista, imagen de ella misma y de lo que quería ser y Rita/Camilla es la chica que ha llegado a ser, tal y como los demás ahora la ven, la actriz de “renombre” (Rita Hayworth), la vampira de su propia identidad (Carmilla) que ha pactado con el diablo (en este caso a través del dual Kesher/Cowboy) para “triunfar” a toda costa corrompiendo sus planteamientos iniciales. Hollywood es el club Silencio ese universo playback de superficialidad y falta de talento donde nuestra suerte esta al arbitrio de lo que otros deciden, donde el show continúa aún cuando las personas caen (esto es precisamente lo que hace Lynch con l@s espectador@s). El negocio de “la fábrica de los sueños” es un monstruo autónomo que ha convertido a las personas que forman parte de él en esclavas de su propia dominación, oscuridad y artificio.
¿De nuevo complejo de culpa? Simbólicamente, la parte Betty/Diana trata de eliminar a la parte Rita/Camilla. Por un lado (en el mundo de la fantasía) Betty trata de explicar, salvar y reconducir la parte Rita deconstruyendo su memoria y por tanto su propia responsabilidad (no hay nada en la caja) pero, por otro lado (en el mundo de la realidad) la parte Diana (depositaria de sus iniciales inocentes aspiraciones) observa a la parte Camilla (la que ha vendido su alma al diablo) como el más real de todos sus personajes, alguien que tiene que ser asesinada aún a costa de la propia muerte del fantasma de su propio pasado.