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Despierta a tu niño interior
Hace ya casi dos años cayó en mis manos un libro por entonces desconocido para mí. Su título era "Luces del Norte". En portada, una niña a lomos de un gran oso.
Comencé a leer sus páginas y a sumergirme en aquel mundo de fantasía que me ofrecía. Así, poco a poco, me fui familiarizando con los personajes y creyéndome la historia, soñando con que ojalá tuviera un daimonion (acompañantes que contienen el alma de los humanos del mundo donde se desarrolla la aventura), odiando a los malos, simpatizando con los buenos y adorando a toda criatura que allí aparecía.
Terminé de leer el libro y me quedé con ganas de más; la historia había sido apasionante, los personajes estaban perfectamente desarrollados, todo salido de una mente prodigiosa, dotada de una gran imaginación. Es posible que la mayoría tachen a este título de infantil, pero yo prefiero considerarlo apto para todos los públicos, quizá porque aún está muy despierto el niño que se encuentra en mi interior.
Meses atrás, leí información sobre una próxima película, llamada "La Brújula Dorada". En el cartel, Nicole Kidman. En el trailer, el mundo de "Luces del Norte" recreado a la perfección. En mi cara, una sonrisa de ilusión. Habían adaptado el libro al cine y, por lo poco que había visto, con muy buen resultado.
Y al fin, conseguí ir a ver la película. No me había equivocado. Todo era exactamente como mi imaginación lo había ido creando según pasaba las páginas del libro. Todos los personajes estaban perfectamente recreados. El mundo en el que se desarrollaba la historia era tan mágico en la pantalla como lo fue en mi mente. No hay más, la película merece la pena, es una maravilla visual. La historia es apasionante. Los actores interpretan de forma creíble a los personajes. Los efectos de los daimonions (daemons según la película) cambiando su forma o simplemente correteando al lado de los humanos son sublimes. La película en general es una obra maestra, apta para todos los públicos de la misma manera en la que el libro lo era.
Pero alguna pega tiene que tener para no llevarse el diez, aunque de dicha pega no me enteré hasta que no salí del cine y la comenté con aquéllos que no habían leído el libro. Y es que el ritmo de "La Brújula Dorada" no es el mismo que el de "Luces del Norte". En el papel, todo va más lento, está más desarrollado, el hilo argumental se hilvana con un mimo y esmero que en la gran pantalla no se ha sabido plasmar. Todo va más deprisa. No se explican bien los conceptos. No te enteras de todo el gran trasfondo que existe en ese mundo. Te pierdes.
Como conclusión, tras todo lo anterior, no me queda más que recomendar la lectura del libro, y, una vez leído, acudir a ver la película, como un gran complemento de éste. Si ves "La Brújula Dorada" antes, es muy posible que no la disfrutes como merece, aunque, aún así, seguramente te encontrarás ante una muy buena película.
Squee 
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