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VISIONARIO
Lumet ha sido un director muy dotado, con gran capacidad para adaptarse a cualquier género y con el talento suficiente para firmar obras muy notables.
Quizás, sea precisamente el hecho de que sus películas son notables, lo que ha oscurecido un poco su meritoria carrera. Y lo digo positivamente. Me explico: Lumet no ha firmado (por ahora) ninguna obra maestra de las clásicas que merezca por algún motivo pasar a los anales de la historia del cine. Sin embargo, sí que ha firmado unas cuentas obras destacadísimas que, en algunos casos, se aproximan felizmente a la obra cumbre.
Y ahí entran Doce hombres sin piedad, Larga jornada hacia la noche, El prestamista y Network. Otras como Sérpico, Tarde de perros, Equus, Veredicto final y parece ser que Before the devil knows that you're dead, son también, a mi juicio, películas logradas.
Pero no voy a hablar de toda la filmografía del director, sino que me voy a centrar en la película que más me gusta de todas las que ha dirigido: Network (un mundo implacable). Título mítico de los 70, olvidísima con posterioridad y que construye con maestría tres personajes "gigantes" en medio de un holocausto de verdades y mentiras que encierran la metáfora de la propia vida.
Y ello, porque Lumet no juega a juzgar a nadie, sino que escupe al público tres visiones "deformadas" del ser humano (la marioneta que es encumbrada a los altares, el triunfador relegado a un segundo puesto laboral y emocional y la víbora que pide a gritos que la quieran), que son, en el fondo, los retratos cotidianos de personas que adolecen de lo mismo: la angustia existencial. Y ésta, se encuentra personíficada en el despiadado mundo de la televisión moderna.
Vista 30 años después, la película rebosa actualidad por los cuatro costados y confirma la agudísima visión del guionista Paddy Chayesky (justamente galardonado con el Oscar del año) a la hora de diseccionar personajes y presentarnos tipos llenos de sentimientos y verdades.
Claramente, una película como ésta, no podría llegar a buen puerto sin unos actores a la medida. Y para ello, Lumet contó con tres soberbios intérpretes: Peter Finch, absolutamente magistral en su última actuación (moriría poco después y recibiría el oscar al mejor actor póstumamente), William Holden y Faye Dunaway (que lograría también la estatuilla en su tercera nominaciön tras Bonny and Clyde y Chinatonw). Además, la película supuso un sorprendente (y surrealista) Oscar como actriz de reparto para Beatrice Straight por una interpretación de dos secuencias -sólo habla más de 30 segundos en la segunda de ellas-, y cuya duración no superaba los 10 minutos. Eso sí, se quedó sin los oscar principales frente a ... Rocky... de Jonh. G. Avildsen.
En fin, obra a rescatar, a disfrutar sin contexto alguno de por medio, y que sirve para reconocer la valía del gran Sydney Lumet.
pablo 
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