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La ruta natural
Afirmar que Todd Solondz es un director que despierta odio o admiración resulta ya anacrónico. Desde que se diese a conocer con la sorprendente y brillante "Bienvenidos a la casa de muñecas" y se confirmase con esa genialidad de la perversión, crueldad y morbo resueltos por la vía cómica-irónica llamada "Happiness" su legión de fans crece al mismo tiempo que se le veta, se atrasan sus estrenos, las distribuidoras se lo piensan dos, tres, cuatro.... veces y la salida de sus películas en dvd o estreno minoritario en salas españolas se cuenta por años de retraso.
¿Podemos decir que es ya, hoy por hoy, un cineasta maldito? Aunque, ¿no lo era ya? ¿Acabará vendiendo sus órganos para producir su próxima película?
"Palíndromos" es una nueva entrega muy buñueliana (“Ese oscuro objeto del deseo”) y freak (toda la retahíla del cine de Solondz). Un cuento malsano y surrealista con mucha y demasiada ración de crueles sketches y diálogos, que le confirma como uno de los directores americanos más destacados de cine I-N-D-E-P-E-N-D-I-E-N-T-E actual.
Una especie de híbrido indefinible entre John Waters, Woody Allen y Tod Browning.
No quiero desvelar absolutamente nada sobre las "múltiples" aventuras de Aviva ni sus encuentros en la tercera fase, ni de la crítica mordaz sobre la doble moral que encierran esas morbosas y divertidas situaciones.
Sus aventuras de cuento sin hadas (o Back freak boys en su defecto) son así, como un palíndromo, como un viaje de ida y vuelta, como un mundo aparte donde ocho actrices se relevan y vuelven a ser la misma, pero ningún espectador podrá volver al mismo punto (para bien o mal) cuando visione "Palíndromos".
Maldito Bastardo 
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