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La belleza de lo sencillo: un columpio, una barca, una vida.
El pintor Auguste Renoir, padre de Jean, tenía entre sus varias modelos, una llamada Catherine Hesling. Su hijo se enamoró de ella y se casaron. Por aquel entonces era ceramista, pero su mujer siempre había deseado ser actriz. Y para complacerla cambió de profesión y se convirtió en director.
Gracias Catherine.
Quizás podríamos decir que era su destino, el conocer a ésta mujer (de las tres con las que llegó a casarse), el llegar a ser director y dejarnos para la posterioridad, entre sus muchas obras, ésta inacabada, realizada con una sencillez y humanismo surgidos desde lo más hondo de su alma.
Esa escena de Bataille columpiándose es tan hermosa y a la vez tan cotidiana...
Es curioso como el amor suele ir acompañado de tristeza y melancolía. Quizás para que sea más hermoso, más auténtico, debe ser breve y guardar toda esa esencia en el recuerdo y no desgastarla en el devenir de los días. Y quizás algo así pasa con "Una Partida de Campo", al ser una obra inacabada, un amor fugaz recordado eternamente, conserva intacta la belleza del día que fue concebida.
Un canto a la vida, a lo imperfecto, a la naturaleza y la esencia de las cosas.
Al Amor.
Al Cine.
A Renoir.
Dragondave 
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