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Voto de SyckBoy:
8
Voto de SyckBoy:
8
7,0
39.154
Thriller. Drama
Dos hermanos de familia burguesa se encuentran en una situación desesperada y necesitan conseguir dinero sea como sea: Andy (Philip Seymour Hoffman), un ambicioso ejecutivo adicto a la heroína, le propone a su hermano Hank (Ethan Hawke), cuyo sueldo se va casi íntegramente en pagar la pensión de su ex mujer, dar un golpe perfecto: atracar la joyería que sus padres tienen en Nueva York. Aunque a primera vista parece muy fácil, las ... [+]
3 de marzo de 2008
3 de marzo de 2008
23 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Podrías estar en el cielo hora y media….antes de que el diablo sepa que has muerto”. Con esta impactante frase inicia su último film el abuelete Lumet al que, a sus 84 primaveras y con un Oscar honorífico a sus espaldas, muchos habían dado por muerto hace ya tiempo. Y es que se lo ganó a puso encadenando bodrios en los 90 hasta que sorprendió a todos en 2006 con la simpática “Declaradme culpable”. Su nuevo trabajo de simpático tiene poco, pero le convierte en la resurrección cinematográfica de la década.
¿Puede una película ser clásica y moderna al mismo tiempo? En manos del viejo y renacido Sydney parece ser que si. Lumet coge la tragedia criminal clásica, una historia de perdedores mil veces contada, y la envuelve con una atmósfera fría e incomoda, creando una extraña, original y muy amarga historia sobre el diablo que todos albergamos en nuestro interior. Un diablo que se nos muestra con la cara más sucia, ruin y cutre que imaginarse pueda. Con el espectador como aliado, pues desde el principio queda claro que todo va a salir mal, y con la ayuda de un trabajo de montaje magnífico, el director de “12 hombres sin piedad” despedaza la narración moviéndose en zig-zag y repitiendo escenas que poco a poco van adquiriendo matices insospechados.
¿Puede una película ser clásica y moderna al mismo tiempo? En manos del viejo y renacido Sydney parece ser que si. Lumet coge la tragedia criminal clásica, una historia de perdedores mil veces contada, y la envuelve con una atmósfera fría e incomoda, creando una extraña, original y muy amarga historia sobre el diablo que todos albergamos en nuestro interior. Un diablo que se nos muestra con la cara más sucia, ruin y cutre que imaginarse pueda. Con el espectador como aliado, pues desde el principio queda claro que todo va a salir mal, y con la ayuda de un trabajo de montaje magnífico, el director de “12 hombres sin piedad” despedaza la narración moviéndose en zig-zag y repitiendo escenas que poco a poco van adquiriendo matices insospechados.

Lumet se luce en la dirección de actores: desde un sobrecogedor Seymur Hoffman y un muy creíble Ethan Hawke como protagonistas, hasta los secundarios (Marisa Tomei nunca fue más atractiva y Finney pocas veces tuvo tanta fuerza) y terciarios (el camello o el perista), todos cumplen con su cometido como piezas de un puzzle negruzco destinado a mostrarnos de qué es capaz ese demonio que llevamos dentro y al que a veces dejamos escapar cuando comprobamos que nuestros sueños no se corresponden con la realidad.
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