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¿Qué fue de aquella música?
1)
Ajustó, una a una, las piezas de un severo mecanismo. Midió los gestos, las caricias. Un, dos, tres, flexión y ¡hop!, dos, tres, flexión y ¡hop!, dos, tres...
Se complacía en despertar la admiración del delineante.
Supo trazar, con sus rodillas, el ángulo perfecto.
2)
El virtuoso se sentó delante del piano. Abrió en canal su propio tórax. Con pulso firme, fijó el metrónomo en la cavidad desnuda de su lado izquierdo. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac.
En su fraseo se sincronizaron todos los relojes.
3)
El chico, La quimera del oro o City Lights fueron la parte sin piel de su poema (*).
En esas cintas, el Hombre de Hojalata sí tenía corazón.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: (*) He tomado prestada la expresión «la parte sin piel del poema» al escritor chileno Roberto Bolaño (1953-2003).
Servadac 
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