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Qué grande era Ford
Ford nos enseña el alma de las cosas, nos retrata maravillosamente los sentimientos, y lo hace en cualquier marco posible.
Qué verde era mi valle es una historia que Ford nos cuenta sobre un valle dedicado a la minería, y mirado desde el punto de vista de los protagonistas: una humilde familia, y numerosa, de mineros. En parte la historia parece vista sólo por el miembro más pequeño de la familia (que es a su vez el que hace de puente y nos conecta con la historia). Pero, aunque el niño tiene el mayor protagonismo, la historia se ve desde muchos otros ángulos.
La película nos muestra la más bella e inocente felicidad: la infancia. Nos enseña mucho acerca del sacrificio paternal; del amor fraternal; del respeto a la familia; del destino de los hijos, muchas veces el mismo que el de los padres.
La película habla, también, del anhelo, de recobrar el esplendor, de recuperar lo perdido. Pero todo se esfuma y todo va a peor, nunca vuelve a ser como antes, y nunca dejas de esperar que sea como al principio. Y aquí, al contrario que en el final de la primavera, en la que sí podemos soñar con la próxima, con sus colores y sus aromas, no sucede lo mismo. No se puede volver hacia atrás, no se puede, pero siempre nos quedará la nostalgia, nuestra bonita y dolorosa nostalgia. ¡Qué verde era mi valle!
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Siempre me hace emocionarme especialmente el momento en el que muere el padre; la madurez que el niño demuestra no reprime el dolor que causa tan dura pérdida, sino que lo hace más auténtico, más natural, más crudo y real, lo embriaga de matices.
rik man blue 
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