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No es una obra maestra.
Es una gran película, que aborda con exquisita delicadeza, buena fotografía y música, temas como la vejez, la soledad y el arrepentimiento. Una gran obra reflexiva para profundizar en los personajes y sus vidas. Las críticas positivas que he leído alaban la obra pero en su mayoría no razonan su apreciación.
Tiene bastante similitud con una verdadera obra maestra, Fresas Salvajes de Ingmar Bergman. Lo que no me convence del guión es el trasfondo hollywodiense del viejo terco que viaja en un cortacésped. Es una fantasía, un vano intento por apelar al entretenimiento y a la reflexión al mismo tiempo. No es realista, el asiento destrozaría la espalda del viejo en poco tiempo, por no hablar de las frías noches. Yo he vivido en la carretera y me parece una idealización fantasiosa. Igualmente tengo familiares ancianos a quienes visito regularmente, no solo son reacios a salir, sino que la caída mas tonta les conlleva serios problemas.
El resultado final es que ni es muy entretenida ni acaba por ahondar en los personajes, y tampoco me ha emocionado. Como road movie, Anthony Hopkins en Burt Munro es mucho mas carismática, y para emocionarse con un cine contemplativo tienen Los Puentes de Madison County, cuya fotografía es realmente exquisita.
Para hablar de obras maestras recientes tenemos que referirnos a Alejandro Amenabar, Alejandro González Iñarritu, Darren Aronofsky, Mathiew Kassovitz o Christopher Nolan. Si quieren reflexionar sobre cuestiones existencialistas Bergman es el verdadero maestro
Lo mejor es que disfruten de esta gran película, pero no entren con grandes expectativas para no verse defraudados por sus escasas anécdotas.
carlos gonzalez 
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