|
La vida en rojo y verde
Kieslowski no parece querer contar una historia, parece querer pintar un cuadro, así, lo que al final resulta no es ni lo uno ni lo otro. Da una importancia extrema a cada uno de los planos, llegando a sacrificar el ritmo por la forma; se obsesiona en que todo cuadre en ese universo bicolor que ha maquinado. Todo pasa muy deprisa, a pesar de que se desarrolla lentamente en la pantalla; sólo llegamos a atisbar, como simples voayeurs, un ápice de Verónica en sus dos encarnaciones. Pero a pesar de todo esto, o por todo esto, el resultado es muy bello. La doble vida de Verónica se alza como una pequeña joya para ser degustada despacio, saboreando quedamente cada uno de sus matices.
ruanorosa 
|