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Invasión... de gafapastas
Esta crítica/mensaje es para esos críticos gafapastas que han descalificado la película mucho antes de verla y que, cuando la vieron, por supuesto, se sintieron obligados a no disfrutarla. Por una cuestión de principios. O de soplapollez.
El cine es arte, y, como tal, pretende extasiar los sentidos. ¿Es una definición pedante? Sí, pero también es válida. Te chinchas. Y sentarse a ver una película esperando que ésta nos ilumine la materia gris y nos descubra si el huevo fue antes que la puta gallina es de ser un auténtico gilipuertas. El cine entretiene, conmueve, divierte, enternece... y cuarenta pares de cosas más. Y ésa es la vaina, no hay otra. ¿Remake? Pues claro. Pero todo en el cine lo es, y en literatura. Ya comentó un genio, tiempo atrás, que las tramas originales sobre las que se componen las historias no son más que cinco o seis, y que todo lo demás son variaciones sobre las mismas: el amor, los celos, el odio, la venganza... Cinco o seis argumentos puros. Lo demás, copias enmascaradas. Y no pasa nada. Es lo que hay, y bendita sea la cosa. A esas tramas puras podemos añadirles ingredientes de la era moderna: extraterrestres cabrones, viajes espaciales, héroes de tebeo... y ya tenemos algún argumento más sobre el que deformar otro puñado de historias. Pero estaremos prácticamente en las mismas: que, a fin de cuentas, todo seguirá siendo un constante remake. Y desacreditar esta película con la excusa barata de "jo, la peli -original- era mejor" es precisamente eso: pataleta de crítico barato.
Lo que cuenta, majetes, es la firma, el criterio del realizador, su pulso, su sello. ¿O qué pasa? ¿Que no me meto en el cine a ver El pianista porque ya he visto antes otras pelis sobre el Holocausto? Vete por ahí, anda.
Diego Deltell 
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