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4,4
1.103
Fantástico. Aventuras
Lulu es una adolescente que se acaba de mudar con su madre y su hermano a un pueblo costero, donde se aburre tanto que vive esperando que ocurra algo apasionante. Cuando el hermano de Lulu es poseído por el espíritu de un hombre que luchó contra el mal en el siglo XIX, ella busca la ayuda de las dos únicas personas fiables que conoce: Oliver, un niño rico muy asustadizo, y Richard, un desilusionado estudioso de lo paranormal. Juntos se ... [+]
15 de mayo de 2008
15 de mayo de 2008
13 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Resulta difícil quedarse con una buena impresión de ‘La isla de las almas perdidas’, por varias razones. La principal sería el más que evidente boom que está conociendo en la actualidad el género fantástico dentro del cine. Sagas como ‘El Señor de los Anillos’, ‘Harry Potter’ y en menor medida ‘Las crónicas de Narnia’, aparte de convertirse en las nuevas gallinas de los huevos de oro de las grandes productoras, han llevado al género fantástico a unas altas cuotas de calidad, elevando así los mínimos de exigencia. Acompañadas siempre de una espectacular factura técnica, su mayor logro, no obstante, va más allá del píxel.
En este mundillo, el gran premio se lo lleva el que sea capaz de reunir en una misma sala a espectadores de todas las edades, y sobretodo, el que consiga que tanto niños como adultos consigan evadirse por completo durante el tiempo que dure la historia. Para conseguirlo no es suficiente con los efectos visuales (si algo ha hecho bien el filme es recordarnos que esto ya casi lo tiene todo el mundo). Lo realmente necesario -y a la postre lo más complicado- es dotar de alma al conjunto. Irónicamente en este aspecto es donde falla ‘La isla de las almas perdidas’.
Sospecho que la razón se halla en sus orígenes. A mi entender, el cine danés no se caracteriza precisamente por ser una fábrica de blockbusters, con lo que no es de extrañar que el director Nikolaj Arcel haya caído en la trampa de fijarse demasiado en sus “hermanos mayores”. En este caso, la influencia de las películas basadas en la obra de J. K. Rowling es más que evidente (incluso descarada). Tanto los personajes como las situaciones parecen sacadas de los bocetos desechados por la archiconocida escritora. Así, para hacernos a la idea, la joven Lulu acaba convertida en la sombra de Potter, el asustadizo Lucas recuerda sospechosamente al bueno de Ron, y el inofensivo nigromante no es más que la versión quiero-no-puedo de “quién tú y yo ya sabemos”.
Es lo que acaba pasando con los proyectos que sólo tienen ojos para el modelo en el que se basan. Un efecto colateral que a la vez ilustra las carencias de la cinta es la alarmante sensación de dejadez que inunda la historia. El director lleva lo cutre a tales niveles que parece convertir la eterna y mística lucha entre el bien y el mal en algo más parecido a la última aventurilla de Mortadelo y Filemón (véase a modo de ejemplo el arma definitiva de las fuerzas tenebrosas: una Barbie chamuscada pegada a una linterna… y no es broma). Lo dicho, mucho ruido y demasiada poca alma para una película cuyo mayor error es acomodarse en la mediocridad característica de cualquier burdo calcador.
En este mundillo, el gran premio se lo lleva el que sea capaz de reunir en una misma sala a espectadores de todas las edades, y sobretodo, el que consiga que tanto niños como adultos consigan evadirse por completo durante el tiempo que dure la historia. Para conseguirlo no es suficiente con los efectos visuales (si algo ha hecho bien el filme es recordarnos que esto ya casi lo tiene todo el mundo). Lo realmente necesario -y a la postre lo más complicado- es dotar de alma al conjunto. Irónicamente en este aspecto es donde falla ‘La isla de las almas perdidas’.
Sospecho que la razón se halla en sus orígenes. A mi entender, el cine danés no se caracteriza precisamente por ser una fábrica de blockbusters, con lo que no es de extrañar que el director Nikolaj Arcel haya caído en la trampa de fijarse demasiado en sus “hermanos mayores”. En este caso, la influencia de las películas basadas en la obra de J. K. Rowling es más que evidente (incluso descarada). Tanto los personajes como las situaciones parecen sacadas de los bocetos desechados por la archiconocida escritora. Así, para hacernos a la idea, la joven Lulu acaba convertida en la sombra de Potter, el asustadizo Lucas recuerda sospechosamente al bueno de Ron, y el inofensivo nigromante no es más que la versión quiero-no-puedo de “quién tú y yo ya sabemos”.
Es lo que acaba pasando con los proyectos que sólo tienen ojos para el modelo en el que se basan. Un efecto colateral que a la vez ilustra las carencias de la cinta es la alarmante sensación de dejadez que inunda la historia. El director lleva lo cutre a tales niveles que parece convertir la eterna y mística lucha entre el bien y el mal en algo más parecido a la última aventurilla de Mortadelo y Filemón (véase a modo de ejemplo el arma definitiva de las fuerzas tenebrosas: una Barbie chamuscada pegada a una linterna… y no es broma). Lo dicho, mucho ruido y demasiada poca alma para una película cuyo mayor error es acomodarse en la mediocridad característica de cualquier burdo calcador.
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