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Armiñán ama a sus personajes
Jaime de Armiñan es un director con un universo complejo, un universo personal. En la década de los ´70, es cuando con la caída del Régimen puede realizar su cine, dirigiendo las obras más personales de su carrera: Stico, Mi querida señorita y la que nos ocupa, El nido.
El nido, es una historia de amor contada desde la libertad. Un hombre viudo (Hector Alterio más que creíble) y más allá de la madurez se enamora perdidamente de una niña, una púber que lo cautiva (Ana Torrent). Una niña que tiene el poder de hechizar a este hombre que creía que ya lo había visto todo en su vida y que la presencia desatada de la joven le hace ver un mundo de sentimientos que jamás había conocido.
Ambos vivirán esta relación especial, aunque casta en lo carnal, erizada en lo sentimental, con libertad en un contexto cerrado y culpatorio como es un pueblo de provincias.
Armiñán compone en este filme dos personajes contradictorios, singulares, y abocados a unos sentimientos que los arrastran. La niña, con la inquietante moralidad y crueldad de su edad y él, lúcidamente enloquecido por todo lo que ella representa. Es el mejor hallazgo de la obra, sus personajes.
eldiabloenelojo 
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