|
El viaje fantástico al mundo real
Seguimos a esta niña en un viaje intrigante donde parece haber un secreto aguardando en cada esquina. Es ese desconcierto el que tira de nosotros a lo largo del camino, rebosante de imaginación y lucidez. Ciertamente, descubrimos peligros acechando. El conformismo y el ansia por ser engranaje de la máquina que funciona, un materialismo voraz, y la falta de autoestima, que nos conduce a la identificación con meros objetos. Todo esto nos consume, somos devorados cuando aceptamos el oro, pero aceptamos el oro porque ya estábamos perdidos. Habíamos renunciado a nosotros mismos entregándonos a una existencia esclava. Todo estaba en el contrato. Cuando creemos escapar de nuestra propia miseria con la adquisición de más cosas, no logramos sino alimentar nuestro interior con mayor lastre. Nuestra fealdad se hace entonces tan evidente. La angustia del vacío no puede en realidad sofocarse con la acumulación. Insaciables, confundidos, con cada estúpida necesidad forjamos un nuevo eslabón de esa cadena de hierro que arrastramos con parsimonia. Tuvo que ser la inocencia y la memoria lo que nos liberó de esa carga, pues únicamente era visible como una espina en el costado. La nobleza y el amor de esta niña trasforma el mundo en la que lo han introducido sus padres, gracias a que persigue la luz que emana de su propio nombre.
ROMO 
|