spoiler:
Momentos inolvidables que recuerdo:
- La secuencia donde a una niña requetepija su madre más requetepija le indica que se ponga tiesa mi hermano gritó en la sala de cine: ‘Ponte tiesa, ¡qué el Tampax te traspasa!’ El chiste fue tan malo que todavía recuerdo las amenazas que sufrimos mi familia durante cinco años.
- Cuando el Titanic se ‘empitona’ y la gente (digitalizada) empieza a caer al vacío rebotando me recordó a un pinball cutre.
- No pude evitar descojonarme cuando la palma Leonardo DiCaprio. ¡Había sitio en esa tabla de sobra (como para treinta personas – que se lo digan a los que hacen turismo en patera) por muy rellenita que estuviese la Winslet!
- Y sobre todo el monólogo insuperable que realizó Don Mauro en Paramount Comedy:
“(…) que la abuelita del Titanic qué menudo putón verbenero. Al final de la película le dice la nieta: ‘Abuela… ¿y el abuelo sabe algo de todo esto?’ y dice la mosquita muerta ‘El corazón de una mujer es un océano lleno de secretos.’ O sea, qué te guardas un predolo así de gordo que vale miles de millones de pesetas por esconder un mal polvo echado en un coche antiguo lleno de vaho, incómodo, metido en las bodegas de un barco que para una vez que sale… va y se hostia. ¿¡Y permites que tu marido se tire 60 años trabajando para mantener a la familia…!?
Y el final ya es apoteósico… ella andando por la popa del barco descalcita… que dices ‘¡Coño!, a lo mejor no es tan mala y se suicida y deja el pedrolo… en herencia a los nietos y al marido.’
¡Qué va! Se sube a la barandilla ¿¡Y TIRA EL PEDROLO?!
¡Coño!, haz por tu marido lo que hizo el Leonardo DiCaprio por ti: ¡Mátate puta!”