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Ironman.
Hit. En inglés, golpear, pegar. Bastante explícito, ¿no? Vamos, el hombre que te zurra. La película es, en líneas generales, tan sutil y elegante como el título que le da nombre.
La cosa va de este tío que, por inclemencias del destino y la suerte personal, se ve obligado a llevar una vida, digamos, nómada y salpicada de muerte y destrucción, yendo de aquí para allá matando peña. Pero la cosa, durante una misión, se le complica. Y ahí empieza el lío. En el camino, se encuentra con una tía que saca su lado ¿tierno? y que lo único que hace bien de verdad es enseñar pechamen y calentar (en vano) al frío y calculador protagonista.
La trama es simple y sosa, pero al menos uno espera que la acción sea de la buena. Quizá es que Bourne ha dejado el listón muy alto o que me pilló en plan exigente, pero me pareció de todo menos sorprendente. Carece de emoción, y lo que le falta de fuerza de impacto es lo mismo que le sobra de cacao conceptual (la pelea con espaditas que lleva cómodamente en los pantalones, ¿a santo de qué?).
Personalmente, no empatizo con el calvo (que se tragó, como entrenamiento de preparación del personaje, películas de Van Damme y compañía a porrillo), un hombre de acción que sale impecable y (casi) sin ningún rasguño de todas sus (peligrosísimas) misiones. De esta forma, el héroe resulta muy artificioso. Por no hablar del carisma, cualidad que ni se intuye en todo el metraje de esta insulsa película de acción.
"Ni me quieres follar ni me quieres matar. Jamás he sentido tanta indiferencia hacia mí".
Tremendo.
SRS 
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