Es una verdadera obra maestra, digan lo que digan. No creo que esté por debajo de sus predecesoras: al contrario, es tan dinámica y gustadora como las otras dos. He aquí mis argumentos:
1. Al Pacino hace una actuación formidable, mostrando lo mejor de su capacidad. Más austero, más creíble, más humano: tanto que nos hace sentir compasión.
2. Los diez minutos finales. De lo mejor en la historia del Cine: resulta maravillosa la contraposición de las dos realidades, los dos dramas que se mezclan (la ópera y el film); Francis Ford Coppola logra un paralelismo brillante, en el que música, violencia y acción terminan creando una secuencia fenomenal, y el clímax alcanzado es de una intensidad brutal.
3. Está llena de momentos memorables, que aparecen como ráfagas (buen uso del flashback de parte del gran Francis) o se van elaborando en la trama (por favor lean el spoiler).
4. Así como en la segunda parte de la saga, se tejen realidad histórica y ficción. Las escenas en el Vaticano, las notables tomas del paisaje siciliano y el mismo argumento son suficientemente creíbles.
Para completar el encanto, tenemos a Eli Wallach en el colmo de su versatilidad, regalándonos un entretenido personaje, tan odioso como agradable. Diane Keaton se mantiene: sencillamente excelente. La actuación de Talia Shire es bastante bien lograda. No pienso que Andy García lo haya hecho mal: al contrario, encaja en el papel y todo su cinismo y frescura son un punto a favor.
Para los cinéfilos, estos dos datos que pueden ser de utilidad:
1. Robert Duvall se negó a participar en el rodaje por no llegar a un acuerdo salarial con Coppola. Aunque no tengo nada contra Hamilton, me parece que el maestro Francis tuvo que haberle insistido al genial actor: se habría podido armar una mejor historia.
2. Wynona Rider iba a interpretar a Mary, pero se enfermó justo antes del rodaje: por eso apareció la hija del director.
3. A quienes les interese la historia de la conspiración a propósito de la muerte de Albino Luciani (Juan Pablo I), les recomiendo leer acerca del Banco Ambrosiano y el cardenal Paul Marzinkus.
spoiler:
El argumento está muy bien pensado. Michael Corleone, en el ocaso de su vida, asediado por la enfermedad (una diabetes muy mal controlada, por cierto), el remordimiento (sobretodo a raíz de haber ordenado el homicidio de Fredo...dudo que le pesara la muerte de Sollozzo, Barzini o Roth), y deseoso de ascender socialmente (porque a diferencia de sus padres, parece ser un verdadero arribista), busca la amistad del Vaticano para consumar su victoria terrena (quiere hacerse dueño de una enorme compañía europea de bienes raíces) y acaso un consuelo divino (¿la redención de sus culpas?). La cosa es que el Vaticano no sólo está dispuesto a darle la Orden de San Sebastián, sino que también busca quebrarlo: es que detrás del rostro benevolene de la Iglesia se esconden personajes como el carnicero Luchesi, un corrupto Arzobispo y el pérfido Don Altobello (que aunque es padrino de Connie no duda en ordenar la muerte de Michael y su hija Mary). Así, buscando "limpiarse" (su eterno deseo), Michael se mete inocentemente en la boca del lobo (tal vez porque Tom, su sensato abogado y consejero de antaño, ya ha fallecido). Pero no son los únicos dolores de cabeza para Don Corleone: Tony, su hijo, siente por él poco más que desprecio (se deja ver cierta influencia de Kay), y tira por la borda sus estudios en Leyes para ser cantante, y Mary (la tierna hija Coppola) resulta en amores peligrosos...por fortuna Vincent (Andy García), el hijo de Santino y la fogosa señora Mancini (recuérdese el amorío, plasmado en la primera parte), es un tipo recio, que viene a poner las cuentas claras, abriéndose paso de manera a la vez inteligente y temperamental (o sea, tan sobrino de Mike como hijo de Sonny).
Hay escenas inolvidables: Michael confesándose (!) con el cardenal Lamberto (en la vida real, Albino Luciani), Tony interpretando "Brucia la luna n'celu" mientras su padre rememora a la bella Apolonia, Vincent dándole un "no" salvaje a su prima Mary (obligado por Michael, claro está)...pero lo mejor es el grito sentidísimo de Michael tras comprobar el asesinato de su hija: un Al Pacino insuperable.