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La alucinante y operística realidad del horror.
Dos reflexiones por delante: 1) es, sin duda alguna, una de las obras más difíciles, complejas, arriesgadas e importantes que haya hecho el cine desde los 70; 2) es también, sin duda alguna, la más importante y determinante película en la carrera de Coppola, y no hablo de si es la mejor (ahí está la intocable perfección de las dos primeras partes de "El padrino"), sino que solo por la implicación personal y casi lunática del director en el proyecto (dos años de rodaje en Filipinas en condiciones terribles, los problemas de producción y económicos...) merece tal mención. "Apocalypse now" vale por toda una carrera dadas sus tremendas coordenadas.
Inspirado por la novela de Joseph Conrad, "El corazón de las tinieblas", Coppola y Milius idearon el denso, tremendo y soberbio guión de la película, trasladando lo que en el libro era la atracción de un marinero hacia el hombre que debe asesinar, a la guerra del Vietnam. A partir de aquí nos sumergimos en una insuperable atmósfera, recorrida por un aliento místico/filosófico que la hacen aún más ser una obra única.
La película tiene un arranque arrebatador, enigmático, del todo fascinante y maravilloso: la imagen superpuesta del sufrido y pensativo rostro de Sheen con el zumbido adormecedor y a la vez pesadillesco de los helicópteros (jamás en una película se han empleado tan bien los helicópteros) que acaba en una explosión de fuego en la selva.
Coppola plantea la guerra de dos seres humanos contra sí mismos y su interior, algo mucho más dañino, inolvidable y obsesionante que matar a uno o doscientos charlies. Esa subida por el río es la más clara bajada a los infiernos.
Obra llena de memorables secuencias (el inicio, todo lo relevante al sonido de los helicópteros, la alucinante batalla dónde se usa napalm con el atípico capitán Duvall al mando, con dos soldados surfeando mientras caen las bombas a su lado y un cámara de televisión lo rueda todo "in situ", la música de Wagner, la llegada a la guarida de Kurtz...) hace que junto a su irrechazable, maravillosa y alucinante atmósfera sea un espectáculo grandioso, operístico, que transmite además una magistral sensación de irrealidad dentro de tan real y plausible pesadilla. Pese a ser una película indiscutiblemente bélica tiene tal complejidad que es tanto un thriller atípico como un drama filosófico/psicológico y, por supuesto, una obra maestra del cine de terror, pues es la exposición más impresionante que en muchos años se haya hecho de eso que podríamos llamar horror - los últimos 30 minutos me superan -.
Obra maestra, pues, hasta lo indecible, dotada de una fotografía alucinante y sublime de Storaro y una música de Carmine Coppola y el propio director que se solapan y armonizan con el resto de manera fabulosa, es, debo decirlo, una obra de arte escalofriante, sobrecogedora, maravillosa, quizás perfecta. Amo esta película.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Al capitán Willard (soberbio Sheen) le hacen el encargo de asesinar al coronel Kurtz (soberano y sobrecogedor Brando), que se ha desquiciado y está obsesionado con el mal. Una pequeña patrulla del ejército embarcará al capitán Willard y lo irán conduciendo río arriba hasta la apocalíptica, terrible y sórdida guarida del coronel Kurtz.
Así empezamos la aventura interior de Willard, un hombre harto de la maldita guerra y al que para más inri le han encargado una misión dolorosísima como es asesinar a un compatriota. Willard, a medida que va investigando y recibiendo información sobre Kurtz siente hacia él una obsesionante atracción/repulsión, cariño/odio, fascinación/repugancia que imprime a la película una ambiguedad fabulosa enriquecida por un hálito reflexivo de sesgo moral y filosófico que la hacen un film irrepetible. Cuando Willard llega a la guarida de Kurtz y ve allí el apocalíptico espectáculo montado y la indescriptible idolatría que propugnan los indígenas reclutados en ese lugar hacia el ya mítico y terrible Kurtz, cree haber llegado, efectivamente, al fin del mundo, cree haberse topado con el mismísimo infierno, con una guerra más cruenta, indescifrable y siniestra que la que le tiene absolutamente agotado y harto.
kafka 
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