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De crisantemos y espadas...
Si usted es de los que se solazan con los estúpidos thrillers norteamericanos, pretendiendo o simulando que hace trabajar su cerebrito durante el transcurso de la cinta, como, verbigracia, “El ilusionista” o “Gothika”; si usted es de los que gozan con policiales facilones, con automóviles a toda carrera junto a una cámara histérica o bombas en el inodoro como “Lethal weapon”; si usted, por último, es de aquellos que se sienten plenos de felicidad al ver las balas en cámara lenta de Matrix... pues entonces esta película no es para usted. Devuelva el DVD y dígale al empleado de la célebre cadena yanqui de vídeos que se equivocó soberanamente.
Esta película es para saborearla una y otra vez, con la delicadeza del crisantemo, con la violencia de la espada. En pocas palabras, para verla en tiempo oriental, muy oriental, exquisitamente oriental. A quienes acusan a Kitano de inexpresivo, les diría que no confundan inexpresividad con serenidad. Serenidad de quien conoce su destino y aquello que “debe” hacer, algo muy similar con su posterior “Brother”. Imperturbabilidad en todo caso en ese rostro apacible que acepta los designios inescrutables del destino sobre la vida y la muerte. Kitano se halla a años luz de esa real inexpresividad esgrimida por cientos de pseudoactores occidentales en bodrios prescindibles pero con formato agradable a la vista como una hamburguesa made in U.S.A. Este maestro japonés, artista polifacético, director de cine, actor, pintor, escritor, músico y vaya uno a saber qué impensable arte más, nos deleita en cada nueva obra.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Si bien el final frente al ineludible mar de Kitano, nos provoca un más ineludible aún deseo de derramar alguna que otra lágrima, el tierno y profundo "muchas gracias" de la esposa moribunda nos impulsa a recapacitar sobre el sentido último de la existencia, quizá a reflexionar sobre la contingencia o necesidad de ciertos elementos que nos rodean.
jvai 
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