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Rica fábula sobre los males de la intolerancia, el desarraigo y la violencia
Escrita y dirigida por Montxo Armendáriz después de 4 años de su película anterior ("Silencio roto", 2001). Adapta al cine 3 de los 26 relatos de la novela "Obabakoak" (1989), de Bernardo Atxaga. Se rodó en Uztárroz, Isaba, Roncal, Otxagabía y otros lugares del valle del Roncal (Pirineos navarros). Fue nominada a 10 Goya. Se estrenó el 16-IX-2005.
La acción tiene lugar en Obaba, pequeño pueblo rural ficticio de los Pirineos vasconavarros, en 2004/05. Mediante flashbacks se recuerdan hechos ocurridos en el pasado (hacia mediados de los 60 y en 1987). Enlaza tres narraciones: la maestra, los hermanos Pollot y el hijo del ingeniero alemán. A través de ellas habla de la soledad y del deseo físico no aceptado, que altera a las personas y las mueve a huir de la realidad, contando pasos, lentejas, etc. Habla de la violencia y la locura y de algunas de sus causas, como la intolerancia y el autoritarismo. Habla del desarraigo, fruto de la exclusión de los demás y de la falta de esfuerzos integradores del interesado. La soledad, la violencia y la locura, el desarraigo y la exclusión, son gérmenes que engrendran rencillas, disputas, enfrentamientos, luchas y muertes.
La película divide la narración entre un pasado dramático y un presente desde el que se exploran los hechos, se identifican relaciones y se investigan los sentimientos turbulentos que se ocultan tras la apariencia tranquila y bucólica del lugar. También se establece una reflexión sobre la creación cinematográfica de la mano de Lourdes, estudiante de artes visuales, que llega al pueblo para realizar en un fin de semana un trabajo de prácticas. Las expectativas de facilidad se ven frustradas por la complejidad de las situaciones y los personajes y por la dificultad de entenderlos y comprenderlos. La narración, de ritmo pausado, asocia realismo, fantasía y un clasicismo de armonías y equilibrios, solidez de formas y riqueza de contenidos. El relato traspira lirismo, afectos entrañables y convicciones íntimas de amor a la tierra y respeto al pasado. Obaba es un lugar fascinante que atrapa a todos los que llegan de fuera: el ingeniero, la maestra, Lourdes y el espectador.
La música, sosegada y leve, acompaña con melodías de violín, guitarra o acordeón, los sentimientos personales y con fusiones el misterio y la magia del lugar. Es emocionante el villancico tradicional que la maestra canta en euskera. La fotografía mueve la cámara con precisión y suavidad, construye bonitas composiciones y usa con profusión tonos terrosos y ocres. El guión hilvana los relatos en torno a Lourdes, que aporta unidad y coherencia. La interpretación de Pilar López de Ayala (frágil y valiente) y la de Bárbara Lennie (sencilla y discreta) son convincentes y adecuadas. Son gratificantes las apariciones de M. Sampietro y E. Fernández. La dirección crea una atmósfera liviana, casi imperceptible, que trasmite emoción.
Película bien elaborada, trabajada con parsimonia y realizada con habilidadades poco comunes.
Miquel 
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