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Era un hombre a un asiento pegado...
Viajar en un tren Alicante-Madrid supone tragarse la consabida película telecinquera o dedicarse a leer un buen libro. A la ida conseguí librarme de "La pantera Rosa 2" gracias al bueno de Oscar Wilde, pero a la vuelta cometí el craso error de olvidar la lectura en la maleta, con lo cual no tuve más remedio que ver las andanzas de Carlitos.
Se busca la lágrima fácil desde el minuto uno (huérfano, torturado psicológicamente por el director de su centro de acogida,...) y sin más nos cuenta la historia de un chavalín que hace más virguerías con el balón que Kaká y Messi juntos. Tras observar su vigesimoséptimo regate me levanto para mear, y para mi sorpresa, cuando vuelvo veo a todo el vagón mirando la pantalla con caras de tonto. Empiezo a pensar que Renfe filtra alguna sustancia rar por el aire acondicionado para que la gente se trague lo que sea y así evitar alquilar pelis buenas. Mis sospechas se confirman cuando me sorprendo a mi mismo animando a Carlitos en otra de sus jugadas de Oliver y Benji. Y es que el tono de cuento infantil que tiene la historia puede ser muy convencionalista pero que carajo, funciona.
No respires Favio, no te dejes engañar, es el aire, es el aire...
Tampoco hay que olvidar que sale haciendo un cameo Raúl González (el siete blanco, el capi, el crack) y nos asombra a todos diciendo frases distintas a "Sí, bueno, no" , "El fútbol es así", "Podíamos haber ganado pero al final empatamos" y demás expresiones del argot del balompié. Todo un derroche de sintaxis tratándose de un futbolista.
Le pondría un cuatro yendo en plan espléndido, pero la aberración para los oídos que son las canciones de Pignoise(creo) y Emilio Aragón no me lo permite. Desde el "Te huelen los pies" el mandamás de LaSexta no ha levantado cabeza en el mundo musical.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Ricky si que es un destroza banquillos y no Djalminha y demás cariocas.
Favio Rossini 
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