|
Sólo ella
La boda de mi mejor amigo simboliza a la perfección la importancia y la figura de Julia Roberts en el Hollywood de los noventa. Como Notting Hill la película funciona por su presencia en la misma y se convierte en lo que es no tanto por su labor como actriz sino por su personalidad como estrella. Más allá del personaje que la estrella esté dando vida, esta película, como otras de la actriz, permite un nuevo encuentro con ella, con la chica de al lado, la reina de Hollywood o sólo la portada de las revistas. En esto Roberts podría encontrar un paralelismo con otras Stars como Marilyn Monroe, y como esta, debe luchar contra el encasillamiento o que todos sus trabajos sigan la misma línea argumental o incluso estilística.
Pero si esto ocurre es porque la actriz o la persona tiene el poder como celebridad de que ocurra. Y con Roberts ocurre eso. Da igual en que película la veas, estará mejor o peor, pero sus interpretaciones siempre desprenden ese encanto propio, ese aura del momento, que en este caso era casi el fin de los noventa, y era ella quien reventaba sueldos y recaudaciones, tratara de lo que tratase la película.
En este caso, La boda de mi mejor amigo sigue los patrones clásicos del género con las tradiciones más antiguas (las bodas, las promesas improbables de los viejos enamorados, los celos…) fusionándolos con las nuevas tradiciones (el mejor amigo gay, la mujer con estilo de vida liberado), consiguiendo con esta bidireccionalidad una comedia efectiva y entretenida, desde luego no innovadora o sorprendente, pero tampoco se pasa de sentimentalismo ni de mal gusto. Es más sus tintes de melodrama romántico no hacen más que acercar las emociones al espectador y con los bienavenidos toques y escenas de humor (en especial las que comparte Roberts con Everett, espléndido en su papel; o con la otra grande de la comedia norteamericana moderna, Cameron Díaz, cuyas escenas juntas desprenden una química espectacular).
Son los actores por tanto los que imprimen gracia a una historia trillada pero emocionante cuya pega principal es la incursión de unos números musicales no muy bien justificados, con calzador.
jaly 
|