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Detectives sin medias de seda.
Iciar Bollaín venía de dirigir (hace unos años ya) Te doy mis ojos, una película que gusto mucho en su día. Así que para su siguiente película tenía el listón bastante alto. Algunos pueden sentirse decepcionados, ya que Mataharis puede verse como una película más ligera, menos comprometida que la anterior. Tal vez sea cierto, pero la verdad es que sigue siendo una buena película.
Cuenta la historia de tres mujeres que trabajan para una agencia de detectives. Mientras ellas se dedican a investigar en la trastienda de la vida de los demás, son incapaces de atender la suya propia.
Curiosamente esta película compitió en el Festival de San Sebastian, en el que también estaba Siete mesas de billar francés, de otra directora española, Gracia Querejeta. Y las dos llegan a buen puerto pero por caminos diferentes. El guión de Mataharis creo que está mucho mejor acabado que el de Querejeta. Es una guión sutil, claro y elegante. Un guión que Iciar Bollaín transforma en imáenes serenas y pausadas, con un particular ritmo interior. Y es aquí donde Mataharis se muestra algo inferior, ya que ese ritmo y esa estructura pueden alejar al espectador más que acercarlo a las vidas de estas tres mujeres, algo que no sucedía en Siete mesas de billar francés. Ya se que son dos películas independientes y que lo único que tienen en común es que se hayan estrenado simultaneamente, pero me parece curiosa esta divergencia entre ellas, para, en cambio, llegar a un mismo resultado, que es el buen cine.
En lo que ambas coinciden es en el buen trabajo de los interpretes. Las tres chicas de Mataharis están espléndidas, luciendo más que ninguna Najwa Nimri. y entre los chicos, con papeles más secundarios, destaca Tristán Ulloa, que, al contrario que en otras ocasiones, aquí si esta a la alturas de las circunstancias.
En definitiva, estamos ante tres historias comunes, de gente común, que aunque Mataharis las aleje del común espectador más de lo necesario, no dejan de resultar agradables y sensibles.
ernesto 
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