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Muy recomendable
Sólo los amantes del cine son capaces de sentarse ante la pantalla y dejarse absorber por el preciosismo de la fotografía, la sutileza de la banda sonora, la sobriedad en las interpretaciones, la majestuosidad de la puesta en escena de una gran película como Orlando.
El cine se caracteriza por narrar fábulas, con la preeminencia de la imagen sobre la palabra. No está anclado a la lógica argumental, como otros lenguajes, y de esa libertad audiovisual nace su magia, que lleva cautivando a generaciones.
Quien quiera ser seducido con historias realistas bien tramadas, con exposición, nudo y desenlace, que lea una novela, vea un capítulo de House o vaya al teatro, pero que no se acerque a Bergman, Tarkovski o Sally Potter; es arrogante y poco probo considerarse con autoridad moral como para juzgar algo que escapa al entendimiento y juicio estético de uno. Es una osadía que sólo está a la altura de la ignorancia de quien lo realiza.
Ficciones 
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