|
Un actor genial empieza a despedirse
Cuando Meryl Streep le entregó el Oscar a toda una carrera, le abrazó y besó con entusiasmo de gran actriz que admira a un gran actor, Peter O´toole apenas podía andar, estaba hecho polvo, no por edad avanzada sino como consecuencia de los ya lejanos años de borracheras desmedidas. Estas son las consecuencias. Aunque él ha dicho que nunca se arrepentirá de aquellas juergas de alcohol y sexo, a menudo compartidas con Richard Burton (quien resistió mucho menos semejante estropicio psicomental y murió de un crash cerebral), arrastra una vejez bastante lamentable.
Pero lo admirable de este siempre admirable actor es que cuando le ofrecieron aquel Oscar por toda una carrera, ya que nunca se lo habían dado, a pesar de varias nominaciones, dijo que aún estaba a tiempo de ganar uno por una interpretación en especial. Y aquí estuvo a punto: con esta amarga comedia en la que se ríe de sí mismo como solo un monstruo de la escena puede hacerlo, y además por donde más duele: interpreta a un actor en decadencia, viejo y maltrecho, sin erecciones ya... obsesionado por alguna especie de relación sexual (no desvelo la trama) que lo torna patético, a ratos ridículo, casi siempre conmovedor.
A su lado, Vanessa Redgrave, maravillosa y la jovencita coprotagonista, sensacional: no se puede ser más desagradable ni más tierna.
Una película que deja muy mal sabor de boca, aunque aparente ser una comedia: es una copa bien cargada de no saber envejecer con dignidad, y al mismo tiempo, trata sobre un viejo caballero indigno que puede llegar a conformarse con oler el húmedo sexo de una muchachita, recuerdo imborrable de antiguos amoríos.
horacio 
|