La llegada de las Navidades traía muchas tradiciones a mi casa: los turrones, las panderetas, las cenas familiares, la sopa de amor (nombre hipercursi con el que denominaban en casa de mis abuelos a la sopa de almendras) y una de las cosas que no podía faltar era la reposición de "La princesa prometida"
Nunca me canso de ver esta película, y es que parece que los años no pasan por ella. Aún sueño con la historia de amor de Westley y Buttercup y sonrío con las batallas entre nuestro protagonista y el espadachín Iñigo Montoya, el grandote Fezzik y el astuto Vizzini.
¿Quién quiere crecer, si de mayor dejas de apreciar estas películas como realmente se merecen?
spoiler:
¡Si no lo digo reviento!
Hola, me llamo Iñigo Montoya, tu mataste a mi padre, prepárate a morir.