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¡No es la peli de Bardem, coño!
Cuando leí la novela, el estilo directo, seco y sencillo del escritor me remitía al gran cine fronterizo de Sam Peckinpah, en el que apesta a alcohol barato y la violencia es algo latente en cada esquina. Quizás unos Coen en horas bajas vieron la posibilidad de realizar una cinta del estilo de su portentosa Fargo con esta historia sobre el destino y la ambición. Con un estilo pausado, sencillo y más clásico de lo que cabía esperar, estos geniales hermanos han conseguido construir una cinta impresionante en todos los aspectos, una película de raza, de las grandes, a las que resulta una quimera buscarles un mísero error con una dirección a cuatro manos asombrosa y un guión que, salvo un par de escenas, bordea la perfección, aunque bien es cierto que el gran mérito de todo es de ese autor de culto que ahora descubrirán las masas y las grandes editoriales reeditarán sus trabajos más antiguos para sacarle del anonimato en el que se encontraba.
Los Coen han realizado con esta adaptación el que es su ascenso definitivo al altar de los grandes directores, y también una obra megalómana en todos los sentidos, pluscuamperfecta, digna de estudio con un montaje perfecto plano a plano, un ritmo inmaculado y una puesta en escena para la que faltan calificativos positivos, destacando la sensacional y cálida fotografía de Deakins y la planifiación de cada secuencia por parte de los hermanos. Una cinta que en su conjunto es perfecta, una maquina de relojería de un engranaje tan sumamente bien construido que no chirría, pero su principal problema es que esto está todo en el libro, no hay ningún elemento reconocible de los Coen, hay humor negro pero no socarrón, es todo demasiado cerebral, demasiado frío y carente de una vida propia que hacen que la película, en el término argumental de la cinta, peque de excesiva distancia con respecto al público. Y hay dos elementos que hacen que no sea perfecta: el personaje de Tommy Lee Jones, porque cuesta enajarle, y el clímax de la cinta, porque leía la novela, era inadaptable.
Se habla muchísimo de Bardem, y da miedo, las cosas como son, realiza un personaje que es la maldad en esencia, el criminal perfecto, y el actor lo hace suyo, siendo una simbiosis perfecta entre papel e interpretación, y probablemente ganará un merecidísimo Oscar, aunque tengo el corazón partido con Casey Affleck, pero quiero resaltar a un brillante Josh Brolin, actor limitado que aquí realiza su mejor interpretación en un personaje soberbiamente construído y con más matices de los que muchos creen. El ritmo del que dotan los directores a la cinta dan al espectador escenas de auténtico relumbrón, con una planificación de los tiroteos perfecta. Un ejercicio de dirección hipnótico, que embelesa, y que, al igual que la novela, sigue cada acción hasta el más mínimo detalle, puesto que cualquier pequeño error marca la diferencia entre vivir y morir.
Tony Montana 
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