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¿Y de donde pagan la gasolina?
Serie de las que no me gustan mucho por su estilo gráfico. Por guión, puede que original pero bastante cansino tras varios episodios.
Todo gira entorno a la agencia "Mystery, Inc.", dedicada a resolver casos paranormales allá donde se produzcan; ya sea en pleno polo sur o en la mismísima finca Cantora. Los experimentados agentes que en ella trabajan son un puñado de niñatos: un rubio, que parece ser el tío bueno y comandante de la cuadrilla, una tía tirando a buena, que con otros guionistas en el proyecto ya hubiese copulado infinidad de veces con el guaperas, una listorra gafapasta, sin duda totalmente cualificada físicamente para meterse en aquellos berenjenales, un chico retrasado, que en vez de trabajar en lo paranormal tendría que ir periódicamente a un centro de ayuda al mental (disculpable totalmente porque en la época de los dibujos esto no estaba muy a la orden del día), y por último un pedazo de perro, con una cabeza tan escalofriante que llegaba a ocupa una cuarta parte de la furgoneta de trabajo.
Iker Jiménez, el profesional, desde su mesa hablando de las cuevas de Bollullo del condado, y los pobres niños metidos en mansiones encantadas, manda cojones.
Al final siempre los niños van descubriendo los paradigmas, en donde casi siempre el fantasma es un cincuentón con pinta de palurdo. Pero ellos lo pasan bomba, como prueba de ello, el capítulo siempre, siempre, siempre, acaba con el perro diciendo una pollada y el resto de niños más un par de polis comienzan a carcajear sin poder parar mientras el efecto fade nos lleva a los créditos finales.
JuanCádiz 
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