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La paja más larga del mundo (en la filmo, of course)
I)
«Devastadora, fascinante a cada minuto de sus siete horas. Yo me alegraría verla cada año para el resto de mi vida.» —Susan Sontag (1933 – 2004)
Lo había intentado en numerosas ocasiones: para alcanzar el éxtasis de las siete horas y media del cine más puro hay que empezar aguantando su primera hora. ¿Simple? Pues va a ser que no. Siempre se repetía la misma historia. Me recordaba a mí mismo a Phil Connors repitiendo una y otra vez el día de la marmota hasta que con mis ronquidos llegaba un nuevo y repetido día en compañía del director húngaro.
El inicio me provoca terror: esas vacas mugiendo que caminan lentamente seguidas por un interminable travelling. Deberían ser ovejas para facilitar las cosas y poder contarlas.
Son posiblemente los mejores actores que ha encontrado Tarr. Más tarde un lavado de conejo parecía que podía despertarme… pero, de repente, los personajes comienzan a hablar y yo empiezo… a dormirme…. a dormir-zzzZ-zzz-me-ZzZ.
II)
«¿Qué es el tempo? ¿Béla Tarr en movimiento?» —Maldito Bastardo (†)
Antonioni habló sobre la alienación urbana contemporánea, el malestar existencial, la incomunicación, la soledad en esas tres odas: la antinarración de “La aventura”, “La noche”, “El eclipse”. Alcanzó un estatus de maestro universal.
Yo me aburrí como una ostra.
Tarkovski alcanzó la pureza esculpiendo el tiempo, sobrepasando la belleza del plano secuencia y aplastando la narrativa cinematográfica fijando el tiempo. Todos sus caminos “Andrei Rublev”, “Solaris”, “El espejo”, “Stalker”, “Nostalghia” conducirían a un voluntario exilio de su mayor obra “Sacrificio”.
Yo me aburrí como una ostra con todas ellas.
Oliveira empezó, bajo la influencia de Robert Flaherty, se labró en el documental, le añadió la teatralidad, los planos interminables, los diálogos fabricados a fuego lento, modeló el cine contemporáneo.
Yo me aburrí como una ostra.
III)
Después de intentar encontrar los secretos de la teoría cinematográfica en miles de películas uno se pregunta si esos lienzos sin apenas rastro de trazos pueden ser un notable talento o morro.
Arte en estado puro, diarrea catatónica, nuevo tótem de las gafas de pasta gruesa, el nuevo Mesías, es el epicentro del arte, del cine. Opto por la primera de las opciones: Tarr me ha demostrado que su cine es puro, insobornable. Calificar una película como “Sátántangó” es completamente injusto: es el choque explosivo del paroxismo y la quietud, del arrebato y el máximo equilibrio ¿La perfección? Posiblemente. Puede que estas bases funcionen en otras películas que me encantan. Pero esto es una sobredosis directa de la que me costará recuperarme. Aunque no lo pondré contar hasta dentro de doce años… tiempo en el regrese a las siete horas y media más duras que he visto en mi vida. Simplemente “Sátántangó” no es mi cine pero sí el de muchas ostras.
Maldito Bastardo 
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