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El regreso de Tony Jaa
Tras el éxito cosechado en España por Ong-Bak (en el año 2005 fue la película asiática más taquillera en nuestro país), su actor principal, Tony Jaa, regresó a nuestras salas comerciales a principios del 2006 con Thai Dragon, su segunda película como protagonista. Thai Dragon, al igual que la mencionada Ong-Bak, también ha contado con la dirección genérica de Prachya Pinkaew, y con la batuta de Panna Ritthikrai en la realización de las escenas de acción. Con esta nueva película, este trío de ases ha tratado de repetir, abiertamente y sin tapujos, la exitosa fórmula de Ong-Bak, que no es otra que la de optar por el cine de artes marciales a la vieja usanza, el que se realizaba antaño en Hong Kong; un tipo de películas que carecía de cualquier efecto digital y que ignoraba artificios técnicos como los cables y los arneses, basando toda su espectacularidad en la pericia de los especialistas, la vistosidad de los combates, y en las dotes acrobáticas y marciales de los actores. Así pues, Thai Dragon ha calcado la estructura, el argumento, y la temática de su gloriosa predecesora, adoptando la forma de video-juego de plataformas, en la que, en la peligrosa búsqueda de un preciado objeto robado por los malos, cada nuevo obstáculo y enemigo es de una dificultad mayor a la del anteriormente superado por el bondadoso y aguerrido protagonista. Claro está que quien sólo quiera ver grandes interpretaciones, estructuras complejas de guión, ejercicios cinematográficos autorales, o disertaciones filosóficas, ha de abstenerse de verla, pues Thai Dragon es lo que es: una película de artes marciales trufada de escenas de muay thai (boxeo tailandés tradicional) espectacularmente coreografiadas, un artesanal divertimento de acción, dinámico, comercial, y sin más noble vocación que la de entretener de manera sencilla y evasiva. No es de recibo, pues, sopena de errar el tiro, visionar esta película con ojos resabidos que buscan trascendencia donde ni la hay, ni pretende haberla.
FERNANDO BERMEJO 
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