|
Poniendo el listón cada vez más alto.
En 1988, Takahata con su "tumba de las luciérnagas", comenzó a demostrar que animación no tenía porque ser tan solo cine infantil. Señores como Satoshi Kon recogen aquel testigo, y nos confirman que la animación goza de mejor salud que nunca, y que lo que ha de venír aún puede ser muchísimo más asombroso.
Una vez más, el señor Kon nos sorprende desarrollando un argumento simplísimo con un guión magistral, como ya hiciese anteriormente en todas sus obras, de escaso número pero de una calidad indiscutible. La animación es portentosa, con coloridos muy vivos y notables contrastes en los claroscuros, siendo todos los momentos del desfile onírico dignos del más sincero aplauso, y el diseño y descripción de personajes es del todo magnífico.
En los tiempos que corren, en que el cine con actores reales va cada dia más de mal en peor, las películas de animación van mejorando a pasos agigantados (y no sólo en su calidad, sino que los días en que "peli de dibujos" era sinónimo de cine infantíl, ya han quedado muy atrás), siendo alguna de ellas infinitamente superiores a la media de estrenos con actores de carne y hueso, con muchísimo menor presupuesto y publicidad, pero con una mejor factura, cuidadísimos guiones, y una notoria intención de que este género sea, de una vez por todas, valorado en su justa medida.
Kingo 
|