Mortensen se pone a las órdenes de Cronenberg en su nueva faceta como director más comercial, que no por ello menos interesante. Caben muchísimas lecturas, desde la convencional: típica historia de mafiosos, con sus ingredientes clásicos, el honor, la venganza, el drama shakespeariano, pasando por un thriller policiaco, con sus infiltrados, los buenos y los malos, incluso tocando el tema de la denuncia social, el drama de las prostitutas "importadas" del este de Europa. Pero Cronenberg maneja todo ello de una manera global, quiero decir que nos muestra la lucha entre el bien y el mal, el mundo de las personas "normales y corrientes", y los que no lo son, que se han pasado al lado oscuro. Esto convierte a la historia en una fábula moral, que se nota en muchos aspectos, y que la aleja de la aparente convencionalidad:
spoiler:
el personaje de Naomi Watts, inverosímil desde un punto de vista racional, y que representa la bondad: ha perdido a su hijo, trabaja como matrona en un hospital, y se apiada de un pobre bebé huerfanito, hasta que conoce a Nikolai, nexo entre dos mundos, una especie de puerta que comunica el ámbito celestial con la crueldad y la maldad del mundo de los mafiosos rusos. Si no, no se puede explicar las contradicciones que alberga el guión, por qué la chica no denuncia todo a la policía, inexistente en la trama, sino que intenta solucionar las cosas por su propia iniciativa, acudiendo a los buenos y a los malos. El aspecto oscuro de los mafiosos se puede constatar en el rito iniciático al que es sometido nuestro prota, que se retrata de un modo casi satánico, lo que se remarca con la música de un coro un tanto inquietante. La religiosidad oculta en la peli también se deja ver en muchos momentos, como cuando Kirill, el heredero, obliga a Nikolai a violar a una de las prostitutas, y éste le deja un icono, o las escenas en las que se muestra la cruz tatuada del personaje en oposición a las estrellas que simbolizan el mal, que ha cruzado el umbral. O como juega en determinados momentos con esa especie de rosario, símbolo de la iglesia ortodoxa rusa. O ese Moisés, salvado de las aguas, en fin, múltiples ejemplos de lo que estoy diciendo.
Por todo ello, vemos que realmente Cronenberg no se ha vendido al capital, ya que nos está ofreciendo claves ocultas durante todo el metraje, como diciendo: "eh, que no tan simple la cosa", para contrarrestar las escenas en las que no cabe interpretación posible, como la violencia salvaje que se desarrolla en los baños públicos. Brillante, sin duda, resulta también la ambientación en un Londres desconocido, intemporal y casi deslocalizado, que casi sólo se reconoce en la escena de los hinchas del Arsenal y el Chelsea y que podría desarrollarse en cualquier otro lugar, ya que parece claro que al director no le interesa ni el espacio ni el tiempo, sino el mensaje que nos quiere enseñar.
Ah, y brillante cásting, tanto Mortensen, como Cassel, Mueller-Stahl, etc.