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HAZAÑA INTERPRETATIVA
Poco antes del derrumbe soviético, unos intelectuales disidentes son espiados sin restricciones por la Stasi, en el Berlín oriental.
Las autoridades culturales, cuya corrupción aparece con rasgos de especial indecencia, se ensañan con un círculo de escritores y artistas, a quienes impiden crear con libertad, pero también emigrar a Occidente.
El Poder actúa con acentuado rencor contra esas mentes irreductibles, a quienes atribuyen conspiraciones y planes de fuga que a veces, por mera coincidencia, existen de verdad.
La ideología oficial es ya simple paripé, fachada de cartón piedra que apenas camufla la depredación sexual, el derecho de pernada.
En tan crepuscular escenario histórico (eficaz gama de grises en ropas, edificios, calles; muy matizada, como toda la gran labor de dirección) brota el relato dolorido de un rapto de honradez anónimo, secreto.
Desde lo espiado, la belleza de unas notas musicales llega al alma del vigilante policial escondido y despierta su conciencia moral, empujándole a una inhibición decisiva. Por algo este luminoso momento es el escogido para el cartel de la película.
El actor Ulrich Mühe, a quien quedaba poco tiempo de vida (no se nota), legó en esta cinta un monumento del arte interpretativo: sin el menor aspaviento, logra que un proceso íntimo, vivido en silencio por alguien obligado a permanecer oculto, se constituya en sólido núcleo de la obra. ¡Una hazaña!
Lupo 
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