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Sutil ciencia ficción
Más de 25 años después, ahí sigue. Aguantando el paso del tiempo y diversas remasterizaciones y versiones alternativas. Clásico y, a mi juicio, obra culmen de la ciencia ficción, aunque con evidentes reminiscencias al cine negro (he de reconocer que sin esa voz en off luce mejor).
La atrayente, recargada y oscura atmósfera del Los Ángeles del año 2019, te atrapa en ese halo de misterio y misticismo que envuelve toda la película hasta que, cuando te quieres dar cuenta, asistes a ese gran final. Hay que señalar que la esforzada fotografía y la partitura del griego Vangelis, que queda en la mente como grabada a fuego, son claves en este aspecto.
Las interpretaciones cumplen sobradamente, e incluso sobrepasan ampliamente la media. Destacar especialmente a un gran Rutger Hauer (y esa escena tan especial que no voy a detallar), protagonista en la sombra y capaz de transmitir tanto con una simple mirada. El amigo Harrison Ford solía renegar de esta película y no hablaba maravillas precisamente pero, pese a todo, no molesta en absoluto.
No es un film concebido con la mera idea de entretenernos con un sinfín de efectos especiales durante dos horas (quizá buena culpa de esto sea de su procedencia literaria), sino que busca y consigue algo más. Mediante un profundo uso de metáforas, simbología y recursos visuales, nos lleva a replantearnos todas nuestras dudas existenciales y se presta a la interpretación propia de cada uno. Por descontado, es lo mejor en la filmografía de Ridley Scott, aunque las ideas principales del guión quizá habrían podido desarrollarse algo más.
Sin duda, el tiempo seguirá alimentando su leyenda.
Conste que, como alguien apunta antes, no es fácil revisar una película para la que, a fecha de hoy, hay más de 150 críticas.
Snyper 
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