|
Imperfecta, pero estimulante
Tercera realización de Richard Kelly tras la fantástica "Donnie Darko" y su ambiciosa "Southland Tales", "The Box" adapta un relato corto que bien podría dar para una obra maestra de media hora, pero que en 120 minutos se nota demasiado, digamos... alargado. El film empieza con muchísima fuerza, generando interés desde el minuto uno al presentarnos un punto de partida intrigante y bien llevado: un hombre con la cara deformada se presenta en casa de un matrimonio perfecto -en plenos 70- para ofrecerles un trato. Les dejará durante 24 horas una caja que contiene un botón rojo. Si lo pulsan, morirá una persona aleatoria y a cambio obtendrán una considerable cantidad de pasta. Kelly desde el principio nos hace partícipes de su juego, haciéndonos dudar sobre qué haríamos en una situación similar. Lo mismo que hace Kelly ya lo planteó el Joker en "El caballero oscuro", si bien en aquella ocasión el intento fue tachado de ridículo.
Y a juzgar por la incomprensible nota media que tiene The Box en esta página (4.8 a día de hoy, con poco más de 1.200 votos), seguramente la situación se esté repitiendo. Puede ser comprensible que cierto sector de espectadores la consideren vacía, estúpida o ridícula. Lo es cuando a Kelly se le va demasiado la cabeza (básicamente cuando se agota el relato y comienza a hacer uso de sus fumadas tradicionales, más o menos hacia la mitad del film), pero The Box se beneficia de estas imperfecciones y se sobrepone a ellas sin ningún tipo de problema. También hay quejas sobre su reparto, algo que no acabo de comprender -por parte de las críticas- y que sí entiendo perfectamente desde el punto de vista de Kelly, cogiendo a tres estrellas -bordeando sus ocasos- y ofreciéndoles una segunda oportunidad, una redención. Langella y Diaz aprovechan la situación entregando unas interpretaciones más que correctas, y Marsden, siendo el peor de los tres, tampoco está nada mal.
¿Cuál es, entonces, el problema de "The Box"? Me temo que eso debe decidirlo cada espectador. Es una película imperfecta pero valiente, estimulante y al mismo tiempo algo ridícula, tan hija de su tiempo como anclada en una época en el que las preguntas no siempre necesitaban respuesta. Richard Kelly ha vuelto a hacer una de las suyas, en lo bueno, y en lo malo. Ahora sólo queda que tú, el espectador, sepas cómo encajarlo. Él ya ha dejado clara su posición.
Caith_Sith 
|