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Interesa pero decepciona
Puede llegar a ser muy grato entrar a denunciar lo que en un país, zona, ciudad, pueblo... sucede y que es digno del más frontal rechazo, sobre todo cuando son los derechos humanos y universales lo que podemos poner en boca de muchos para hacerles reflexionar de lo que pasa en algunos sitios sin que realmente sepamos lo que hay, creyendo que en los tiempos que corren y en países como Cuba, tan publicitariamente utilizados, pensemos que sucede.
Benito Zambrano con Habana Blues nos dio a entender que iba a hacer eso con el totalitarismo de Cuba. Sin embargo no entra de lleno, es más, tan sólo se concentra en contarnos una ‘angustiosa’ situación de un chico dentro de una generación y un mundo (el relativamente poco generalizado mundo musical) que se separa de la protesta más en boca cubana.
Vemos una película del ‘Misión: Salir de Cuba’ a través de la música, uno de los pocos instrumentos que los cubanos tienen para salir durante una buena temporada de la isla. Sí, se basa en ese gran problema como telón de fondo, pero se mueve por otras discusiones sin dejar el sabor de la queja que muchos ansían al ver cómo un extranjero se lanza a contar una historia en la Cuba castrista.
Por tanto, como denuncia, Habana Blues es un gran fiasco. No tiene por qué ser una película protesta, pero la necesidad y lo que daba a entender dejaban esperanzas.
Luego está todo lo musical y el drama familiar-particular de los protagonistas, donde está la película, la trama. La ascensión y derrota de un grupo musical con grandes ilusiones de nueva vida, así como la ansiedad, el talento musical y las tramas discográficas de la industria, son reflejadas con enorme acierto. En pocas películas he visto tan bien plasmados los entresijos de lo interno en la música, las compras y ventas de talento, las cesiones comerciales del artista, la generalizada protesta del vendido, las amistades rotas de los componentes, la lucha por llegar a la meta el primero o por sobresalir del montón, incluyendo grupo, familia, amigos, raíces... A todo ello se le suman las ganas de cualquier cubano de salir de la isla, punto este que hace que la película tenga sentido en el por qué de haberla realizado allí.
Con todo, es una película que se deja ver sin gratitud pero con interés, lo cual no es poco para un experimento de este tipo, con música, evolución de personajes y con un telón de fondo que a veces pesa demasiado como para obviarlo en la trama, molestia esta más que dolorosa. Nos queda un ‘más de lo mismo’ con interesante envoltura, nos queda un ‘me mojo pero no me mojo’, nos queda un ‘OT con cierta calidad visto de cerca’, nos queda una película más que correcta y de mejor digestión, nos queda la misma Cuba, y nos queda todo lo bueno y lo malo de ella. Sobre todo nos queda que lo malo sigue igual, habiendo desperdiciado un altavoz.
DoNnyVitO 
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