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Los señores de la guerra
La última película del irregular Tom Tykwer nos lleva al mundo de las altas finanzas a través de un film que combina el género de acción con el policíaco, vía corruptelas de alto standing y ramificaciones pseudo-mafiosas.
La película, como todas las de este estilo, es bastante farragosa, con un guión de aquellos que te exigen un nivel máximo de concentración para no perderte ningún nombre, ninguna situación, ningún personaje que pueda hacer que te acabes liando ante una trama tan complicada. Todo para acabar mostrándonos algo que ya sabíamos, que el sistema capitalista está al frente -y es el principal beneficiario- del negocio de los conflictos bélicos. Si el principal motivo de este film era alertarnos de esta situación, se agradece el esfuerzo, pero tampoco hacía falta.
El guión, como ya he dicho, es elaborado pero carece de nervio. Para desengrasar tanta palabrería de despacho, el director nos obsequia con una escena central de acción y tiroteos que se alarga demasiado y no aporta nada nuevo que no hayamos visto hasta ahora. Después de esto, la película continua con el mismo tono hasta desenvocar en un final tan simplista como sorprendente. No por su originalidad ni ingenio, si no porque resulta del todo increíble cómo se puede resolver una situación final con tanta ligereza.
Respecto a los actores, un Clive Owen con su cara de palo habitual que ocupa el 95% de las secuencias, y una Naomi Watts que actua como contrapunto bonito del protagonista, en un papel tan poco lucido como prescindible. Al menos, y aquí recae uno de los pocos aspectos positivos de la cinta, el director ha tenido el detalle de ahorrarnos una subtrama de historia de amor entre los dos.
Scott Carey 
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