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You have nothing to say to me? That's funny, cuz I could've sworn you just gave me a 'fuck you' look right now. You wanna say 'fuck you' to me?
Me resulta impúdico, casi vergonzoso analizar los hallazgos estéticos, narrativos y arguméntales de “Planet Terror” bajo estrictos códigos cinefagos. Eso ya lo dejaremos para el episodio de Tarantino, mucho más lúdico pero menos rico en ingredientes. Lo que ahora nos toca es diseccionar un espléndido festival de emociones, de escenas antológicas (la entrada de Freddy Rodríguez en el hospital) y diálogos pulverizantes (el de Tarantino en el ascensor, la caza a Bin Laden que relata un cañero Bruce Willis), un film que bajo una capa de cachondismo exterminador esconde un alma aún más desternillante. Porque la seriedad que pueda avistar “Planet Terror” es solo comparable al contrapunto que uno quiera darle. Su moraleja política encomia las dispares ansias de un cineasta brutal, desgarrador y fascinante, que firma aquí su mejor película hasta la fecha, tal vez por ser la más libre, desprejuiciada y crepuscular de toda su filmografía.
Magistral película de zombis, electrizante cinta de aventuras, hilarante monumento a la casqueria más disfrutable, “Planet Terror” es una soberbia lección de cine puro: una descarga de adrenalina tan edulcorada y poco estable que se intuye predispuesta. Rodríguez ha filmado, de nuevo, una película adulta escenografiada bajo la inconmensurable mirada de un niño con juguetes nuevos. Todo resulta acertadísimo en un monumento al cine como evasiva prolongación vital: personajes estrambóticos (memorables Josh Brolin y Jeff Fahey), ruido en masa (el espectacular ataque a la comisaría), participaciones impagables (desde los citados Willis y Tarantino hasta un siempre acertado Michael Parks, pasando por unos efectivos Carlos Gallardo y Tom Savini), momentos inmortales (la intro con Rose McGowan bailando en el striptease, todo lo que sucede en el hospital), e imágenes de una antología tal que ya nunca podremos olvidar (el fusil como prótesis, balazos que escupen sangre sin reparo, el helicóptero despedazando cuerpos).
Lo mejor: La espectacular (y perfecta) labor de Rodríguez tras las cámaras.
Lo peor: Tener que esperar para ver “Machete”.
Clark 
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