Bertolucci me removió las entrañas con el magnífico tango que se marcó en París, con la inestimable ayuda de un Marlon Brando en estado de gracia. Pero era un película desigual con momentos de una fuerza desgarradora y otros que significaban una bajada de ritmo espectacular (en parte debidos al pesadito personaje de Jean-Pierre Leaud). Estas características se extrapolan significativamente en "Novecento".
La irregularidad del ritmo se debe sobre todo a la salvajada de metraje de cinco horas, por que la verdad es que conseguir que el interés no decaiga en semejante duración sería una proeza por la que habría que arrodillarse, pero muy pocas veces se ha conseguido esto, por ejemplo, Kurosawa lo consiguió en su excelente "Los siete samuráis", y esa "sólo" duraba tres horas. Aún así, el paso del tiempo no es palpable en el film, ya que, Bertolucci no lo manifiesta y esto solo se percibe por frases de los personajes, lo cual me parece un error garrafal que, según mi parecer, denota pobreza narrativa. Un film que consigue un efecto conseguidísimo del paso del tiempo es "Érase una vez en América".
Los personajes al principio no me interesan demasiado, cosa extraña por que están interpretados por dos de mis actores favoritos Gérard Depardieu y Robert De Niro, que no les dotan del alma necesaria ya que el primero está apagado, y el segundo gesticula demasiado, aunque bien es verdad que van mejorando conforme avanza el film y que acabo cogiendo cariño a los personajes, de bido a la larga duración. Pero, el defecto más importante es que no logro ver una mínima continuidad narrativa en algunos puntos, hasta el punto de que mi ojo ve imágenes, pero no logro procesarlas ya que mi cabeza está en otra parte. Y eso jamás debe pasar.
Pero es que los aciertos son tantos: Burt Lancaster en su tramo final da un recital maravilloso, al igual que Sterling Hayden, la indiganción obrera está captada sensiblemente en casi todos los momentos, la escena en la que se rebelan contra ese tirano inquietantemente encarnado por Donald Sutherland, la potentísima y terrible escena en la que se mantiene un ideal desafiando a los camisas negras aun sabiendo que no hay otra salida que la muerte, así como un sentido de la moralidad admirable en casi todo el film.
(Y sigo en el spoiler que no me cabe)
spoiler:
Sin embargo, el final alcanza unas cotas planfetarias muy preocupantes, en la que yo me empezaba a estremecer con la conducta fanática de los proletarios que se acaban pareciendo a la misma chusma con la que intentan acabar. Entonces la película se me asemejó a una partida de parchís en las que las fichas rojas y azules solo pretenden comerse para ganar la partida. Una partida en la que parece que la moralidad está ausente. Ridícula la coletilla final por la vergonzosa manera de contarla.
Con todo, este pueblo atemporal tiene en las cuatro primeras horas muchas buenas intenciones, muchos buenos momentos, muchos buenos sentimientos y muchas buenas ideas, tantos muchos, que me es imposible darle menos de un 7 a pesar de las deficiencias.
+: La sensación de estar también involucrado en la lucha de ese pueblo por la libertad y justicia que les han sido arrebatadas por unos sádicos opresores.
-: La angustiosa sensación del final que me pone los pelos de punta en la que parece que no hay diferencia alguna entre el proletario y los fascistas, y la descarada manipulación que utiliza Bertolucci en el trecho final, que me hace añorar la verdadera indignación y sentimiento que contenía "Las uvas de la ira" en la que no había ni rastro del deleznable politiqueo de esta.