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La santísima trinidad.
Comedia loca, tonta, boba, gilipollas, vieja, infantil, veloz, ingenua, de actores, de carisma, de nudos en la lengua en forma de frases atropelladas, de zancadillas sensibleras y gags incautos, vertiginosa, de estilo invisible, de niños y mayores que son niños, de cine club transido por un halo de melancolía absurda, comedia de enredos… tonta, tonta, tonta; loca, loca, loca.
El tiempo le ha restado atrevimiento y hace bien evidente las pegas que, con encono, señalan sus detractores; pero le ha conferido encanto. Y el encanto es cuestión, más que nunca aunque en el cine lo sea siempre, de candidez, de fe. Fe en Hawks, en Hepburn y en Grant.
Amén.
Bloomsday 
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