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Eugenio
Mientras que otros directores se exceden en la broma intercalada Kitano prefiere hacerlo de forma seria. En el momento de la gracia sus personajes adquieren las cualidades de Eugenio. Rostro seco, sin articulación. Se sabe que el chiste está ahí, se deja entrever, pero no en pantalla. Este gag irónico rebaja el tono dramático de la historia. De hecho, muchas de sus escenas de películas de yakuzas no son nada más que una burla en aumento.
En un documental de su vida en el que se resaltan sus numerosas virtudes (cómico, cineasta, escritor, pintor…) confesaba que cuando el actor no manifiesta en su semblante lo que él desea, prefiere colocar de nuevo la cámara, dando el personaje, ahora, la espalda al objetivo. Es una forma en la que el actor pierde protagonismo y realza, aún más, la percepción que tiene el japonés de la ‘payasada’ en los momentos sarcásticos. Y me gusta la idea. Mucho. Para mí, una película en la que el principal atractivo son los intérpretes restando importancia al conjunto de la obra es fallida en ciertos aspectos.
Junto a “Sonatine”, “Hana-Bi” es la cima de lo anterior, de su cine de gánster con mueca grotesca. El personaje de Kitano: frío, disparatado a pesar de su falta de efusividad. Todo envuelto con aire tragicómico y pistolas que apuntan de vez en cuando.
Luego llegaría “El verano de Kikujiro”, parodia del papel de yakuza al que tantas veces había dado vida en sus obras. En pocas ocasiones las collejas fueron tan efectivas y cachondas.
¿Se nota demasiado que me vuelve loco su humor irreverente y fresco?
Dromedario 
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