|
Los ojos de Penélope...
Frialdad. Esa es la mayor sensación que me ha producido ver esta película, dejándome vacío de emociones y bastante decepcionado en general. De hecho, era bastante lógico pensar que “Elegy” iba a diferir previsiblemente y de forma considerable del resto de películas de su directora, perdiendo así el eterno espíritu de Isabel Coixet, que recae en un cine independiente, de autora, lleno de encanto y que destaca sobre todo por un estilo y lenguaje visual único y excepcionalmente original en el cine español e internacional. En dicha pérdida de esencia cinematográfica también ha contribuido el hecho de que el guión viniera en base a una novela y que no estuviera escrito por la propia cineasta, cuyas labores de guionista han sido fundamentales para sus anteriores películas. Producto de todo ello, nace “Elegy” como un proyecto influenciado claramente por las productoras norteamericanas, ya que Isabel Coixet ha decidido cruzar el océano como tantos otros directores y rumbo a Hollywood ha caído en las tentaciones del cine masivo internacional, causando para mí una notable bajada narrativa en el conjunto de su todavía breve y personalísima trayectoria como comunicadora. Espero que todo ello sea y suponga para su carrera un mero paréntesis esporádico.
El guión se centra en una efectista y atractiva historia de amor, para mi gusto, muy mal desarrollada y profundamente desaprovechada. No he leído “El animal moribundo”, pero desde luego, su adaptación carece de la magnitud emocional que le hace falta a la historia, rodeada y ambientada por unas voces en “off” en la mayoría de las ocasiones mal enfocadas y por unos cortes escénicos en el montaje incomprensibles e innecesarios, que no provocan nada más que un evitable desconcierto. Hasta la fantástica música clásica que compone la banda sonora llega a pecar de constante, estando demasiado presente en muchas de las secuencias.
Sin embargo, pese a todas las carencias que sin lugar a dudas tiene el disperso guión, los actores ponen de manifiesto con cada una de sus recreaciones que el escaso desarrollo del argumento guarda un cierto punto de solidez. Dennis Hopper y Patricia Clarkson resuelven muy bien, aunque con algunos diálogos prescindibles, sus personajes secundarios, y tanto Ben Kingsley como Penélope Cruz configuran con gran esfuerzo una química dual apreciable para el espectador, que podía haber dado muchísimo más juego del que se muestra en pantalla. Ben hace un buen y acertado uso de su carisma personal en su personaje de atractivo y maduro profesor de universidad y Penélope no encuentra la suficiente contundencia en el personaje para poder desarrollar su talento con la máxima eficacia, pero aun así, hace del papel de Consuela una gran y especial interpretación, frente a la cual, el guión no está ni mucho menos a la altura, porque Penélope transmite con su mirada en un solo plano lo que el guión entero no consigue en toda su extensión, haciendo de “Elegy” una película de prominentes altibajos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: La falta de desarrollo narrativo también afecta tristemente al emotivo final. En la última parte de la película vemos a una Penélope Cruz físicamente distinta y con un claro cambio de registro, pero el guión, como en toda la película, no la acompaña. La excesiva dispersión argumental no le proporciona el suficiente impacto emocional a la enfermedad de Consuela y al desangelado final, que a pesar de todo el metraje anterior, puede llegar a alcanzar y conseguir tocar mínimamente la fibra sensible de determinados espectadores, pero solo será gracias al trabajo de Penélope Cruz, que con un atractivo despliegue de expresivas miradas va desvelando progresivamente, película a película, todo el variado potencial interpretativo que posee y que cada vez se valora con mayor justicia.
“La belleza está en los ojos de quien la mira” (David Kepesh)
David 
|