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American Discomfort
“Revolutionary Road” no es “American Beauty”, ni falta que hace. ¿Por qué tendría Sam Mendes que repetirse? Él ya hizo su tragicomedia y nos dejó impresionados. Ahora cambia el estilo, cambia el registro para acercarnos otra extraordinaria historia sobre el amor, la familia y sobre lo que se supone que es lo normal y correcto. No hay humor en “Revolutionary Road”, no es necesario, el último film de Mendes se sostiene sólo como melodrama, una cruda, incomoda y difícil historia sobre la típica “pareja perfecta” en busca de la felicidad.
Mendes aborda un tema peliagudo. El amor, seguido de la ilusión, seguido de los sueños, seguido del trabajo, el dinero, la estabilidad, seguido de una casa grande en la que criar hijos, seguido del primogénito, de la felicidad, seguido de alguna decepción, de algún disgusto, del fin de algún sueño, seguido de un segundo hijo, un mejor trabajo, menos tiempo libre, menos vida, seguido de más disgustos, menos alegrías, más lágrimas, seguido de algún amante, seguido de lágrimas gastadas, seguido de una reconciliación, de nuevas metas, nuevos sueños, seguido de otra vida. Vuelta a empezar.
Mendes conduce a Leonardo DiCaprio y Kate Winslet por un sinfín de sensaciones, por una calle llena de emociones, sueños y adversidades. Mendes es tan franco en su film como el personaje de John Givings (Michael Shannon), un enfermo mental que hace de conciencia, un enfermo franco que parece ser el único que entiende el mundo. Se ha hablado mucho de la gran actuación que hace Kate Winslet, pero quien está realmente bien es Leonardo DiCaprio, quien ha realizado una de sus mejores interpretaciones. “Revolutionary Road” no es el mejor film de este soberbio director simplemente porque el listón lo dejo muy alto.
Sersolo 
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