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Cesare rises from his old cold grave...
Un hombre relata a un amigo la terrible historia del Dr. Caligari, un conocido ilusionista quien tiene a su disposición a Cesare, el cual ha permanecido por veintitrés años bajo estado de hipnosis y tiene según su amo la increíble habilidad de predecir el futuro.
Una joya imprescindible del séptimo arte. Constituye junto a Nosferatu (1924) de F.W Murnau las dos obras maestras del expresionismo alemán.
Rodada por Robert Wiene, luego de que Fritz Lang dimitiera debido a un compromiso en otra cinta. El film se divide en seis actos en los que somos testigos de las peripecias del Dr. Caligari (Werner Krauss) y su eterno y misterioso acompañante Cesare (Conrad Veidt) en un pequeño pueblo germano, iluminado por la llegada de una feria, pero también azotado por varios crímenes exentos de un perpetrador.
Magnifica puesta en escena, un diseño de producción vanguardista, en el que se denota una mezcolanza de bizarría en los decorados y una más que lograda acentuación de perfiles psicológicos, en cuanto al extravagante y tétrico maquillaje y vestuario del reparto, los cuales merodean con un delicado aire sepulcral, cubiertos por una cuidada atmósfera espectral.
Un cuento de terror que funciona tanto por su aspecto visual como por su oscura naturaleza. Daría inicio a posteriores tendencias icónicas como los míticos monstruos de la Hammer o la influencia contemporánea contemplada en autores como Tim Burton, Terry Gilliam o David Lynch.
El film demuestra la sagacidad de Wiene en la narración, presentando como base un extenso flash back, el uso constante del iris y un prodigioso montaje que llevará al espectador a presenciar el nacimiento de una eterna duda, un relato donde la ambigüedad cobrará un nueva victima.
Pierluigi Puccini
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