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Para todos los que alguna vez se han sentido Don Nadie
Muriel (Toni Collette) ha crecido sintiéndose una nulidad. Su padre está obsesionado con el éxito y la fama, su madre es un cero a la izquierda, sus hermanos y ella misma se hacen mayores sin tener muchas perspectivas de futuro y, aún menos, de triunfar en el sentido en que su ambicioso y codicioso padre entiende ese término.
Para añadir más cosas a la lista, Muriel tiene muchos kilos de más, es tímida y se siente tan sola y tan inútil que mendiga la amistad de unas antiguas compañeras de escuela que son unas tontas engreídas con la cabeza hueca y que cifran su propia valía en el atractivo físico, en la popularidad y en la rivalidad para atraer a los hombres.
Muriel se siente patética, y de hecho al principio llegamos a verla así. Una chica guapa y acomplejada porque su gordura la excluye, que está en paro, que se pasa los días escuchando la música de Abba en su habitación y que se conforma con tener unas amigas que la desprecian.
Un día decide reaccionar y dar el primer paso para marcar una conveniente distancia entre ella y su agobiante casa familiar y, mediante una maniobra no demasiado lícita, se marcha de vacaciones a una isla, siguiendo los pasos a sus estúpidas amigas. Allí se reencuentra con otra antigua compañera de instituto, Ronda (Rachel Griffiths), con la que congenia. A partir de ese viaje, Muriel decide buscarse la vida y volar del hogar paterno, así que se marcha con Ronda a Sydney para empezar de nuevo.
Interesante disección de los dudosos valores impuestos y metidos por los ojos a las masas: el éxito, la competitividad, la superficialidad, la creencia de que la belleza física conlleva la felicidad, de que el matrimonio es la máxima aspiración para las mujeres... No ha habido un solo día en que Muriel no haya escuchado a su padre decir lo inútil que ella es, que no ha llegado a nada... Su máxima aspiración, por supuesto, es ser popular y casarse, y verse bonita. No se valora lo bastante para advertir que se deja arrastrar por unos sueños vacíos y que para ser una mujer de valía no es necesario casarse, ni ser bonita físicamente, ni ser "popular" (si ser popular conlleva tener unas amigas tontas y ególatras y gente alrededor que sólo te valora por tu apariencia).
En Sydney comenzará su nueva vida con Ronda, y juntas van a pasar buenos y malos momentos.
Muriel va a emprender su propia maduración. Se va a equivocar, va a vivir nuevas experiencias, y se va a dar cuenta de que ciertas aspiraciones no tienen por qué suponer alcanzar la felicidad.
Nunca el dicho de "y vivieron felices y comieron perdices" ha estado más fuera de lugar.
Comedia dramática y reflexiva de P. J. Hogan que bajo su fachada algo simplona esconde todo un muestrario, en ocasiones doloroso y punzante, de los fracasos personales y de la búsqueda de la libertad personal.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La banda sonora para mí resulta entrañable por esas preciosas canciones de Abba, que siempre me ha gustado mucho. Para mí, uno de los mejores grupos pop de los 70. "Dancing Queen", "Mamma Mia", "Waterloo", "Fernando"... Maravillosas.
Vivoleyendo 
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