Dos veces la fui a ver al cine, creo que la energía visual y el impacto social que tuvo tuvieron gran culpa de ello. Fue una apuesta arriesgada y cara, poner al frente a un Russell Crowe que a pesar de haber contado con una nominación al oscar 2º por “El dilema” no era una apuesta segura y Ridley Scott tampoco estaba en su momento más brillante. A mí me cautivó la sencillez de la historia en la que no se complican con trasteos políticos y resulta bastante directa de cara al espectáculo que pretendía ofrecer. Resurgió un género que caló entre el público y supo gestionar el aspecto visual de una manera admirable. La fotografía cambia tres veces para ofrecer tres diferentes visiones de una misma época en distintos lugares, la de la batalla de Germania, la de Marruecos y la de Roma que resulta de lo mejor y más elegante que se ha visto en muchos años, la entrada de Cómodo es todo un homenaje a ese cine épico que tanto necesitaba Hollywood.
spoiler:
Pero no fue la sólo la casualidad del momento sino la labor de secundarios de lujo como Richard Harris en su breve pero importantísima intervención, su diálogo previo a su muerte con Cómodo en un lujo interpretativo impagable por ambos actores, un parricidio por amor en el que las imágenes hablan por sí solas, la casi desconocida Connie Nielsen, extraordinaria en su papel de madre que defenderá a su hijo a cualquier precio, el papel del mítico y malogrado Oliver Reed, Derek Jacobi... un interminable reparto de lujo al servicio de un buen guión que sin llegar a la perfección aporta las dosis necesarias tanto de dramatismo como espectáculo, agrupando ambos elementos y formando una gran película a la antigua usanza aunque lógicamente más digitalizada, pero claro, los tiempos mandan.