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Una joya sencilla
Las joyas no deben ser alambicadas ni barrocas. Las historias, para ser buenas, no tienen por qué discurrir a cuatro bandas, ni esconder trastiendas. Majidi, con una anécdota, con un sucesido nimio e intrascendente, te introduce en el alma de unos niños sin mancha, con ojos muy parecidos a los de Dios. De paso, te acerca a los bajos fondos de uno de los barrios circundantes de Teherán: la familia, la escuela, los comercios, las calles... Te convence del gran valor que poseen unas zapatillas de deporte, un bolígrafo dorado, una bicicleta, unos terrones de azúcar, unas pompas de jabón, y esos peces que burbujean en la fuente.
Para ver esta película, hay que dejarse llevar, hay que contemplar solamente. Hay que aprender. Por que cada obra de arte es una lección para la vida, y "Niños del paraíso" lo es sin duda.
Perandones 
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